sábado, 19 de julio de 2014

Capítulo II: Ojos grises en callejones negros.

¿Qué estás mirando?- le pregunté.
Estoy mirándote a ti, Carrie.- respondió.
¿Cómo sabes mi nombre?
Y me mostró una media sonrisa mientras sujetaba el cigarro casi consumido en sus labios.
Pude verle con claridad al acercarme. Era bastante alto, una descuidada barba rodeaba su angulosa mandíbula. Era demasiado guapo para no estar rodeado de bellas mujeres que lo adularan para conseguir una noche o una vida a su lado. Parecía unos años mayor que yo y sus manos eran grandes y estaban agrietadas.

Hace tiempo que te conozco -Me dijo.- ¿Quieres que te enseñe algo?
No te conozco de nada, no pienso ir contigo a ningún sitio, puedes ser un asesino de esos que después de matar a sus víctimas  coleccionan partes de sus cuerpos en formol.- respondí de manera que ni yo sabía si lo estaba despreciando o si irme con él era lo que siempre había deseado.
Puede que lo sea, de todas formas no creo que tengas nada mejor que hacer aquí.- dijo irónico.- Por si cambias de opinión o le pierdes el miedo a los asesinos en serie aquí tienes mi número.- concluyó antes de marcharse.

No me dio tiempo a abrir la boca cuando dentro de mi mano encontré un arrugado papel en el que, aunque borroso, se veía escrito: "
Para la chica que escribe en los libros de la biblioteca." A continuación se veía su número y al final firmaba con las iniciales D.A.
¿Cómo sabía que era yo la que escribía en los libros? Estaba tan intrigada que sentí miedo, algo en mi interior me decía que huyera de aquel hombre... D.A, no tenía ni idea de quien era, no lo había visto jamás.
Decidí volver a perderme entre la multitud a la vez que rellenaba mi vaso una y otra vez. Bebí hasta el punto en que creí que mi encuentro con D solo había sido un sueño. 

A la mañana siguiente, me desperté en mi cama y curiosamente me encontraba genial. Esta vez la resaca no me había dejado hecha polvo, debía ser esa nueva ginebra. Mientras el agua resbalaba por mi cuerpo en la ducha, mi mente intentaba recordar en vano cada momento de la noche anterior. Solo encontré un gran vacío con algunos huecos repletos de sudor, lágrimas y más besos de esos que no significan nada.
Cogí el libro que me estaba leyendo hacía unos días, Cien años de soledad y al final del epílogo encontré algo que yo misma había escrito:

                  Inmensurable como el dolor de las noches sin ti,
como la agonía de no volver a suspirar en tu ombligo
ni a mezclarme con tu saliva, ni con tus manos.
Como un otoño perpetuo en el que cuanto menos te recuerdo
más te necesito.

Entonces recordé la nota y envié inmediatamente un mensaje al número de teléfono: "A las 7 en el banco de la calle Boudin"
En el momento en el que pulsé enviar me arrepentí. Estaba loca si pensaba que él estaría allí, seguramente estaba riéndose de mí la noche anterior...
Me recogí el pelo y me puse un vestido negro y corto, pensé que lo mejor sería dar un paseo y olvidarme del tema pero a las siete menos cinco estaba en la calle Boudin esperando verle, deseando en lo más profundo de mi interior que fuera él el que me liberara de la granada, el que curara mis grietas y me hiciera sonreír de forma sincera. Anhelaba desvanecerme en sus brazos para que me besara y sentir por fin que estaba viva, que dejaba de morir un poquito cada día, que me rescataba y que mi almohada no tendría que aguantar más el peso de mis lágrimas cuando las grietas que recubrían el escudo de mi corazón se rasgaban.

Entonces lo vi y corrí a esconderme detrás de un coche aparcado justo en frente, era demasiado perfecto para ser real, parecía que no le importaba nada de lo que sucedía a su alrededor. Se apoyó en la pared y encendió un cigarrillo mientras miraba serio al coche en el que me escondía, me sentí muy ridícula al pensar que se había dado cuenta de que me ocultaba como una niña pequeña. 
Me quité una pulsera y la tiré al suelo para hacer como que la recogía y así salir de mi escondite, pero creo que notó mi farsa porque comenzó a sonreír al mismo tiempo que exhalaba el humo del cigarro.
Me acerqué nerviosa a él.
Hola misterioso D.A.- le dije.




-Continuará.-


viernes, 18 de julio de 2014

Capítulo I: Como una granada a punto de estallar.

Aborrezco cada grieta que esculpiste sin darte cuenta en mi desvalido cuerpo, esas que no soy capaz de cerrar y que a destiempo supuran rabia y un dolor tan hondo e intenso, que me siento agonizante y a punto de estallar en mil pedazos.
He creado un escudo de llagas y heridas para que la granada que transporto a diario dentro de mi ser no me haga más daño a mí, ni a la persona que se atreva a accionar el mecanismo que la active.
Hubo una noche, en la que casi logro cerrar la grieta más profunda que portaba desde hacía ya unos cuantos años. Fue en el momento más imprevisto, cuando ya no esperas que nadie tenga el suficiente valor para advertir que eres una persona que necesita que la restauren. 
Solía ir a menudo a un lugar en el que bebía ginebra e intentaba olvidar con música ensordecedora y besos frívolos la agonía que llenaba cada una de mis venas.
Una de esas noches, el alcohol recorría mis labios deprisa, sentía en mi garganta cada pinchazo que implicaba mantener a salvo la granada y en consecuencia, mantenerme a salvo a mí. Para ello, bebía saboreando cada gota, notando el gusto a derrota y a veces, a humillación. Hablaba sin saber muy bien de qué y reía al mismo tiempo que por dentro me aborrecía. Mi cuerpo se adormecía y me hacía creer a mí misma que con ello, el dolor también se quedaría dormido para siempre.

Movía mi cintura al ritmo de una música que no lograba distinguir pero que yo cantaba, y sonreía, sonreía mucho sin entender el motivo. Me gustaba quedarme sola, huir de los que me conocían y perderme entre gente que solo se fijaban en mí de una forma lasciva, algo que me resultaba cómico.

Reclinado en una pared encalada pude distinguir a un hombre que me miraba mientras se encendía un cigarro, no lograba adivinar de que color eran sus ojos. Había algo peculiar en él, algo atípico que me tentaba a acercarme a esa misteriosa figura perdida en la penumbra de la discoteca. 
Poco a poco, fui aproximándome sin que me quitara la vista de encima. Examinaba fijamente su mirada sin atisbar un ápice de color en sus ojos, cuando estaba a reducidos metros de él pude ver que tenía los ojos más grandes y grises que me había atrevido a contemplar...


-Continuará- 

miércoles, 25 de junio de 2014

Y que al doblar una esquina me esperes tú.

Yo pensaba que olvidar era más sencillo, que no tendría que abandonar trozos de mi vida por el camino o que sería una reforma interna de la que saldría reforzada, pero eso no es cierto. Olvidar me está dejando exhausta, porque es muy difícil no rememorar cada noche todos y cada uno de aquellos días, que pasaba desorientada en tu esencia antes de que el sueño me ahogue. ¿Si prefiero revivir el pasado como voy a soportar el presente? ¿Cómo voy a enfrentarme al futuro?
A veces, me encantaría no recordarte, no pensarte, no llorarte y que fuese como si nunca nos hubiésemos conocido, aunque eso, significara perder la mejor parte de mí. 
Otras veces, te suplicaría que lucharas por mí, pero no lo merezco.
Estoy esperando por ti, esa es la razón de que mi vida esté paralizada desde que nos despedimos con un beso que se mezclaba con las lágrimas que vaticinaban que no volveríamos a vernos.
Cada vez que te pienso, quisiera matar la mínima esperanza de encontrarte al doblar una esquina y me mires sonriendo como si nunca te hubieras ido.
La parte de ti que queda dentro de mí cada vez se hace más grande, me absorbe y hace que no recuerde como solía ser antes de que aparecieras, por eso te aborrezco, por llevarte mi aroma y hacer que ya solo pueda oler a ti.






lunes, 2 de junio de 2014

No quiero.

No existe nada más doloroso que pensar que estás haciendo el amor en otra cama, que son otros labios los que gimen, que son otros muslos los que aprietas contra ti.
No quiero imaginar como susurras en su oído que la amas, ni como os perdéis el uno en el otro como si yo nunca hubiese existido.



lunes, 26 de mayo de 2014

V.

Luchaba por ti pensando que eras un diamante al que pulir y ahora me doy cuenta de que solo eras un pedacito de cristal, por eso te quedaste clavado en mis recuerdos y cada vez que te pienso, duele.

domingo, 18 de mayo de 2014

Mírame.

Sus ojos eran dos balas que convertían mi tristeza en la más sincera sonrisa. Sus ojos eran el mar y el cielo perdidos en una playa. Y cuando me miraba... Cuando me miraba me enamoraba un poco más aunque pensara que querer más era imposible.

viernes, 16 de mayo de 2014

¿Cuánto tiempo tiene que pasar?

Solo echo de menos la que era cuando me mirabas con ojos vidriosos y caía rendida ante ti, olvidándome de mi propia existencia, hundiéndonos en sonrisas, encajando cada hueco de nuestro cuerpo, clavándonos los huesos, jugando a nada y ganándolo todo.
Profundo y áspero era lo nuestro, tan profundo que aún te siento y tan áspero que aún me duele.
Recuerdo que nos quisimos, quizás demasiado, dimos caladas muy rápidas y nos consumimos. Ahora solo somos un cigarro mal apagado, pero ¿a quién le importa?
Y me siento como un violín al que le falta una cuerda o como una camisa con un botón menos, incompleta y rota.
Ya ni siquiera evoco recuerdos que me lleven a momentos felices porque no estoy triste, solo estoy vacía. 
Es culpa mía, que no sé olvidar.



martes, 22 de abril de 2014

Y ya no.


Gritar y romper cualquier cosa que se cruce en el camino, llorar de rabia y sentir caer mil lágrimas de desesperación por mis mejillas. Acumular el odio e intentar reprimirlo clavándome las uñas en cualquier parte de mi débil cuerpo perforado por balas de desprecio y lamentos que nunca han sido escuchados.
Teñir de azabache mi vida y caer por un precipicio de decepciones que no eran más que la rotura del velo que cubría mis ojos.
Soledad al tenerte y miedo de perderme sin ti.
Besos más amargos que mi exánime alma, abrazos que se clavaban como puñales incandescentes.
Y tus ojos mirándome mientras yo estaba perdiéndome en tu erotismo y me encontrabas con tus manos húmedas y con tu sonrisa maliciosa.

Eso era yo contigo.

jueves, 13 de marzo de 2014

Follarte el amor.

Follarte el amor
Colchón en el suelo
ojos en las nubes
aromas de canela
perfume de huracán
Los balcones no necesitan ser discretos.

Aplausos que mereces.
Arena entre los dedos.
Ése llover a cántaros.
Nacer donde me muero.
Un tobogán para que jueguen los miedos

Caravana de grillos.
La sangre y su gobierno.
Trenza de miembros
Caníbales ingenuos.
La masacre de resucitarte entre los dedos.

Amnesias temporales.
Aprendernos de nuevo.
La razón de mis venas.
El desorden de tu pelo.
El tiempo, el cuello de un cisne negro.

Voy a seguir follándote el amor.
Porque sospecho
que los que presumen de hacerlo
en realidad
lo compran hecho.

Carlos Salem.

lunes, 24 de febrero de 2014

Freedom.

Evadirme volando de problemas complejos
que se vuelven fáciles si aspiro despacio, 
con mis labios secos,
naturaleza muerta.
Cosquilleo en mis piernas, saliva espesa,
mente libre, corazón abierto.
Locura pasajera, liberación momentánea
de todas las cadenas. 
Fuera las mentiras, fuera tú, fuera yo.
Cada vez que mis pulmones se llenan,
mi estómago se vacía y mi alma
se cura de palabras necias.
Risas, carcajadas, ojos que se cierran,
dile hasta luego al dolor, haz que se pare el tiempo
solo una noche, o dos, o tres...
Sé feliz un momento.

jueves, 20 de febrero de 2014

Quien no arriesga, no pierde.

Intento escribir sobre algo que no tenga nada que ver con sentir pero parece que cuando escribo se despiertan esas partes de mí que pretendo esconder al mundo.
Es extraña esa sensación de sentirse sola a pesar de estar continuamente rodeada de gente, pero empiezo a pensar que me sentiré así hasta que no seas capaz de encontrarme en alguna calle recóndita de esta triste ciudad.
Vuelvo a hablar de ti porque parece que si no eres tú ya no podrá ser nadie. 
Estás tan cerca que puedo sentir como te mueves al respirar y al mismo tiempo estás tan lejos que ni siquiera puedo distinguir tu cara entre los rostros que vienen y van. Me siento perdida y necesito una brújula que me aleje de ti y me conduzca a la frialdad que solía invadirme aquellos lejanos días de verano.
Ansío tus besos porque creo que me harán sentir de nuevo y que provocarán que se vuelva a quebrar la capa de hielo que rodea mi cuerpo, pero después del primero solo serán agobio y ganas de salir corriendo, al fin y al cabo, los besos son solo bocas, saliva y lenguas enredadas, no sé porqué nos hacen sentir tal perdición.

Ya ni siquiera te quiero a ti, ya solo quiero lo que eres capaz de darme y es cierto lo que dicen de que quien no arriesga no gana, pero tampoco pierde y yo estoy harta de perderme.

Solo quiero olvidarme de ti. Enséñame como respirar cuando estás cerca o como no mirarte o como no odiarme por ello.


Después de todo, yo hablaba de encontrarte y tú de sus bragas, es tan patético que empiezo a pensar que la soledad consume el orgullo...



sábado, 15 de febrero de 2014

Gustavo A. Bécquer.

Hoy que la inspiración, como el Sol en este largo y tedioso invierno, escasea en mi mente, os dejo mi pequeña selección de poemas de Gustavo Adolfo Bécquer, uno de mis poetas favoritos. Espero que os guste.

RIMA XXX

Asomaba a sus ojos una lágrima 
y a mi labio una frase de perdón; 
habló el orgullo y se enjugó su llanto, 
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro; 
pero, al pensar en nuestro mutuo amor, 
yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día? 
Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?

RIMA LII

Olas gigantes que os rompéis bramando 
en las playas desiertas y remotas, 
envuelto entre la sábana de espumas, 
¡llevadme con vosotras! 

Ráfagas de huracán que arrebatáis 
del alto bosque las marchitas hojas, 
arrastrado en el ciego torbellino, 
¡llevadme con vosotras! 

Nube de tempestad que rompe el rayo 
y en fuego ornáis las sangrientas orlas, 
arrebatado entre la niebla oscura, 
¡llevadme con vosotras!. 

Llevadme, por piedad, a donde el vértigo 
con la razón me arranque la memoria. 
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme 
con mi dolor a solas!.

RIMA LIV


Cuando volvemos las fugaces horas 
del pasado a evocar, 
temblando brilla en sus pestañas negras 
una lágrima pronta a resbalar. 

Y, al fin, resbala y cae como gota 
de rocío al pensar 
que cual hoy por ayer, por hoy mañana, 
volveremos los dos a suspirar.

RIMA LIII

Volverán las oscuras golondrinas 
en tu balcón sus nidos a colgar, 
y otra vez con el ala a sus cristales 
jugando llamarán. 

Pero aquellas que el vuelo refrenaban 
tu hermosura y mi dicha a contemplar, 
aquellas que aprendieron nuestros nombres... 
¡esas... no volverán!. 

Volverán las tupidas madreselvas 
de tu jardín las tapias a escalar, 
y otra vez a la tarde aún más hermosas 
sus flores se abrirán. 

Pero aquellas, cuajadas de rocío 
cuyas gotas mirábamos temblar 
y caer como lágrimas del día... 
¡esas... no volverán! 

Volverán del amor en tus oídos 
las palabras ardientes a sonar; 
tu corazón de su profundo sueño 
tal vez despertará. 

Pero mudo y absorto y de rodillas 
como se adora a Dios ante su altar, 
como yo te he querido...; desengáñate, 
¡así... no te querrán!




domingo, 9 de febrero de 2014

No existimos.

Parece que el día acompaña a mis sentimientos porque la lluvia cae con fuerza y el viento sopla indómito. 
La sangre me hierve pero el corazón no late, y mis sentimientos que estaban marchitos parecen florecer. Y no quiero, no quiero sentir, ni sentirte, porque no estás.
Tus manos y mi espalda no se funden en un abrazo real, tus ojos no pueden transmitir lo que callas porque no puedo verlos y mi boca no quiere decir lo que pienso por miedo a creérmelo cuando lo oiga.
¿Por qué siempre tu voz es tan profunda?
Cuando creo que supero mi temor a olvidarnos me recuerdas que sigues soldado a mí. 
Tenemos que parar, tenemos que detener esta locura sin pensarlo dos veces o terminaré de corromperme, de pudrir este cuerpo que ya no implora que lo amen, sino que lo sostengan. 
Vete porque no estás, porque nunca has vuelto, porque tal vez ha sido un sueño.
Vete porque ya no luchamos, porque no nos quedan más fuerzas, porque ya no somos nosotros.
Vete porque el día es gris y porque ya no te tengo, ni me tienes.
Vete porque es muy tarde para mí, porque eres la única persona capaz de despertar partes de mí que quiero matar.
Porque los sueños no se hacen realidad.
Vete sin más. Vete sin mí.

lunes, 3 de febrero de 2014

Inténtalo.

No era fácil sobrevivir en un lugar tan inhóspito. Me sentía cansada y cada paso que daba suponía un esfuerzo que no podía asumir.
Hacía dos días que había comido un poco de sopa y la cabeza me daba vueltas, el cuerpo parecía no responderme pero no tenía hambre. Mi estómago rugía suplicándome que me alimentara pero mi garganta estaba cerrada a cal y canto y mi cerebro, bueno, mi cerebro ya no parecía mío.
Así pasaron las semanas, pareció eterno, interminable sufrimiento entre llantos ahogados en falsas sonrisas fingidas y en lágrimas y heridas que no cicatrizaban.
Cada mañana me despertaba y al abrir los ojos, los volvía a cerrar. Dormir era lo único que no me hacía pensar, por eso me pasaba el día tirada, intentando quedarme dormida sin conseguirlo.
Estaba sola en aquel lugar tan frío. Mi cama, mi vacío, mi autoestima por los suelos, mis pensamientos hirientes y yo.
La salida parecía tan lejana... Solo quería que todo aquello acabara y volver a ser yo, la que siempre había sido. Feliz, risueña, soñadora, pero ahora solo quedaba un resquicio de aquella que era y que temía no volver a ser.

Me hicieron pensar que nadie me quería, que estaba sola pero se equivocaban y creo que si hubieran tenido razón seguiría metida en la cama, con la cabeza tapada y el corazón doblegado por la derrota de no vencer mis propios obstáculos.
Por suerte, aún quedaba alguna gente que creía en mí y me aferré a ellos, a sus manos y a sus hombros para salir de ese hastío, de esa desesperanza... Les debo tanto que creo que nunca podré compensar todo lo que, casi sin darse cuenta, hicieron por mí.
Habéis sido mis ganas de seguir soñando.








jueves, 16 de enero de 2014

Brisa de verano.


Era un 4 de Agosto distinto ya que no era especialmente caluroso ni sofocante, estaríamos a unos 24 ºC y me monté en su vieja furgoneta.

Lo había conocido unas semanas antes cuando llegué al mercadillo artesanal que estaba en el centro del pueblo y ambos queríamos comprar una camiseta de Queen. Al final, acabó consiguiéndola él porque yo no tenía suficiente dinero y me dijo que se sentía mal y que si quería dar un paseo con él. Así lo hice ya que me llamó mucho la atención. Tenía muchos tatuajes por ambos brazos y parte del pecho, era alto, sus ojos eran marrones y grandes, tenía barba y del pelo, que no era demasiado largo, le salían un par de rastas. Su cara no era especialmente bonita, tenía la nariz un poco más grande de lo normal y sus labios no eran todo lo carnosos que me gustaría pero desprendía algo que aún a día de hoy no logro descifrar.
Después del paseo me regaló la camiseta.

-¿Dónde vamos?- le pregunté, aunque no me importaba.
Como respuesta solo obtuve una media sonrisa. Avanzábamos y lo único que se oía era la vieja radio que entrecortaba rock de los 80.
Cuando le vi mirándome era extraño porque aunque ya nos habíamos besado, podía sentir que ahora sus labios sabían a sueños por cumplir.

Llegamos a una cala muy pequeña y de difícil acceso. No había nadie más salvo nosotros dos.

- Grita.-Me dijo- Vamos grita sin miedo, nadie puede oírte.
No le veía sentido a gritar sin motivo pero lo hice, grité cada vez más fuerte. Me sentía tonta pero al mismo tiempo sentía que me desprendía de una carga que hasta entonces no sabía que existía.

Nos sentamos en la arena, más fría que caliente, y enterré mis pies en ella mientras el sol se ponía. Abrió su mochila y sacó una botella de whisky que no había visto nunca, me dijo que era buena porque se la había quitado a su padre y empezamos a beber a morro.
Estaba tan fuerte que en cada trago me ardía todo el interior pero después de bebernos media botella, incluso me gustaba el sabor.




La noche se hacía cada vez más intensa y las estrellas brillaban como luciérnagas, nos tumbamos observándolas y en ese momento me besó. Nunca había conocido a alguien así, nunca me habían besado de aquella manera.


- Anestesia el dolor al menos esta noche.- Me dijo sin saber que yo también estaba rota.
Seguí besando cada pequeño rincón de su juvenil cuerpo mientras él cerraba los ojos y se dejaba llevar por el ritmo incesante de las olas que rompían cerca. En ese instante solo existíamos él y yo perdidos entre gemidos insonoros y caricias que cicatrizaban viejas heridas.

Llegó el invierno y como el calor, él también se fue y me dejó helada. Entonces solo era yo, perdida entre el dolor de mi estómago y las punzadas de mi corazón que en cada latido perdía tanta vida que parecía morir.
Sabía que eso pasaría, lo sabía desde el momento en el que lo conocí pero aún así me dejé llevar por su locura.



sábado, 11 de enero de 2014

Rufo

Era pequeño y peludo y aunque no era de raza, sus ojos parecían hablar. Dicen que los perros no sonríen pero sus caras son un espejo de como se sienten.
Tenía a Rufo desde que era muy pequeño y creció a una velocidad inimaginable. Era capaz de comer y comer y nunca parar. Le daba igual lo que fuera, él lo olisqueaba y se lo acababa zampando.
Le encantaba ir al parque y jugar con los niños que lo adoraban, los niños corrían y Rufo los perseguía mientras su lengua se movía como un péndulo.



Vivíamos solos y no teníamos mucho, incluso compartíamos cama.
Rufo era independiente, siempre iba a su aire pero no sé como se daba cuenta de cuando lo necesitaba. 
Un día, llegué a casa, me senté en el borde de la cama y empecé a llorar en silencio. Creo que ni siquiera una persona se habría dado cuenta de que estaba pasándolo mal.
Esa misma mañana, me había enterado de que volvía a tener cáncer, había recaído y ya no sabía si luchar o si rendirme sin más. Entonces, Rufo se acercó, me miró fijamente a los ojos con cara triste y se acurrucó a mi lado. No me pedía que lo acariciara, ni que le diera comida, solo se tumbó a mi lado y me dio su calor. Eso me hizo llorar aún más y ese chucho con cara de tonto me dio un lametón en la cara, aún sabiendo que lo odiaba, y me trajo su vieja pelota de trapo para que jugara con él.
Al fin y al cabo solo nos teníamos el uno al otro.

El cáncer avanzaba y me comía por dentro. Se había expandido y ni la quimioterapia ni las operaciones me aliviaban, solo parecían matarme más lentamente.
Me pasaba casi todo el día en el hospital y llamé a una vecina para que le diera de comer a Rufo y le abriera la puerta para que saliera todos los días. 

Echaba de menos a Rufo, hacía ya más de dos semanas que no lo veía. Quería salir de aquel hospital ¿de qué iba a servir luchar? ¿No sería mejor disfrutar de la poca vida que me quedaba? 
Esa noche lloré, como todas, pero caí en la cuenta de que si me pasaba algo nadie cuidaría de Rufo y se quedaría solo y triste.
Decidí irme del hospital a la mañana siguiente aunque los médicos me advirtieron de que no aguantaría demasiado. Me dirigí a mi pequeño y ruinoso apartamento y allí estaba él, tan inmensamente feliz de verme como yo. Y entonces no recuerdo que pasó pero yo ya no estaba.

No me había dado tiempo a organizar el futuro de Rufo sin mí y no me perdonaría nunca por ello.

La casera lo echó de la casa, lo dejó a su suerte, sabía que se quedaría solo y aún así lo dejó en la calle sin ningún tipo de remordimiento. ¿Serías capaz de hacerle eso a un niño? Los perros también sienten y mucho más de lo que pensamos.



 Rufo vagó sin rumbo fijo y vio a lo lejos como me enterraban. El cura, Rufo y algún desconocido estaban allí. Nadie más me despedía, nadie más sufría por mi ausencia, solo Rufo que no entendía bien lo que pasaba... ¿o si?

Cada noche, Rufo se colaba en el cementerio y dormía a los pies de mi sencilla tumba sin flores, y lloraba sucio y tan triste que dolía.

miércoles, 8 de enero de 2014

Ave Fénix.

Caer en la tentación de pensar que puedo llegar a ser quien quiera y que como una navaja afilada, camuflada entre palabras vacías, se clave en mí la certeza de todo lo que me limita.
Mi personalidad no es que sea mi punto fuerte. Puedo estar eufórica y al día siguiente despertarme apática y triste. Suelo hablar más de la cuenta y digo cosas sin sentido a menudo.
Me cuesta mucho confiar en la gente, y ¿por qué? Alguna mentira, personas crueles a mi alrededor, relaciones que terminan sin quererlo, abandonos, el mundo en sí me hace desconfiar.
Pero aún así, ¿cómo me atrevo a quejarme? La gente sufre, no tiene que darle de comer a sus hijos, no tiene que poner bajo el árbol de Navidad. Hay gente que muere sola, y me pregunto ¿qué sentirán cuando la vida se les escapa y se ven abandonados? ¿Cómo serán esos segundos previos al deceso en los que la agonía da paso a la calma? No les queda la oportunidad de hacer las cosas de otra forma, es demasiado tarde y mueren sufriendo más por sus pensamientos y arrepentimientos que por su último aliento.

Y nosotros mientras tanto odiamos, odiamos sin motivo alguno, por envidia, porque hay otra persona que tiene lo que queremos o porque tiene el valor de ser como a ti te gustaría. No pensamos, solo actuamos en nuestro beneficio sin importar el daño que le hacemos a los demás.

No merece la pena amar a este precio, no merece la pena perder irreversiblemente partes del corazón y volvernos crueles nosotros también por el daño que nos han hecho.
Es fácil dar odio a quien nos hace daño y acabar acostumbrándose a vivir odiándolo todo, lo realmente complicado es desprendernos de ese rencor y vivir sin lastres, sin cargas movidas por el egoísmo.

Aún tengo la esperanza de que el corazón sea como un ave Fénix y resurja de sus cenizas más amargas porque me niego a vivir en un mundo consumido por el odio.

jueves, 2 de enero de 2014

Incoherente demencia.

¿Por qué necesito sentir? ¿Por qué no me conformo con el privilegio de verte?
Tal vez quiera volver a la inocencia de unos ojos que ya solo ven lo que el corazón siente y una boca que calla para darle espacio a los besos. O a cuando el mundo se reduce a una habitación, a una sonrisa y los problemas se vuelven estúpidos y nosotros solos, amando, suspirando, gimiendo, riendo e inventando nuevas caricias nos perdemos entre las sábanas.
Quizás soy exagerada o solo es un capricho o tal vez lo único que quiero es no estar sola. No sé, eres especial, tienes algo que muy pocos poseen: personalidad. 
Y hablar de amor es algo muy grande, es algo inmenso y peligroso.
pero, ¿como explico que la piel se me ponga de gallina cuando me tocas? ¿Cómo justifico que mi respiración se acelere si estás cerca? 
No quiero ponerle etiquetas a mis sentimientos, quiero que sientas lo mismo.
Te echo de menos cuando solo hemos estado juntos en momentos contados. Es patético. Es absurdo. Es cierto.
¿Y si te beso? ¿Y si lo intento? ¿Y si ya estás enamorado de otra? 
Que difícil es mantenerme al margen de tus manos y que ridícula me siento escribiendo esto porque ni siquiera sabes lo que me haces sentir y yo ni siquiera sé si me gustas tú o la ilusión que me he creado de ti.