martes, 22 de abril de 2014

Y ya no.


Gritar y romper cualquier cosa que se cruce en el camino, llorar de rabia y sentir caer mil lágrimas de desesperación por mis mejillas. Acumular el odio e intentar reprimirlo clavándome las uñas en cualquier parte de mi débil cuerpo perforado por balas de desprecio y lamentos que nunca han sido escuchados.
Teñir de azabache mi vida y caer por un precipicio de decepciones que no eran más que la rotura del velo que cubría mis ojos.
Soledad al tenerte y miedo de perderme sin ti.
Besos más amargos que mi exánime alma, abrazos que se clavaban como puñales incandescentes.
Y tus ojos mirándome mientras yo estaba perdiéndome en tu erotismo y me encontrabas con tus manos húmedas y con tu sonrisa maliciosa.

Eso era yo contigo.