martes, 30 de abril de 2019

Llanto de humo

A veces la puerta se abre y entran todos mis miedos en la habitación. Me encuentro de pie frente a ellos y se cuelan por mi boca veloces, envenenándome. Se infiltran en mi cabeza hasta que no distingo lo que soy de lo que dijiste que era. Me expolian la ilusión, me marchitan las ganas de quedarme y me quiero marchar y esconderme en un desguace para que mis pedazos pasen desapercibidos. Me están gritando que va a marcharse porque no lo merezco y que mi suerte era un espejismo, una pausa para coger aire. Ahora la felicidad se me escapa de los dedos como si intentara atrapar su aliento. 
Este golpe de realidad me está declarando la guerra y me ha encontrado indefensa, con la guardia baja y el corazón expuesto. No puedo hacer nada. Me confié porque no aprendo de las derrotas, porque por un momento pensé que esta vez sería distinto pero, eso es imposible cuando el infierno lo llevas en el cuerpo. No puedo escapar de las llamas negras que me consumen. Las lágrimas me calan pero no extinguen este incendio. Ardo por dentro, las cenizas se ven a través de mis ojos. Seré solo humo gris, sin ti, sin mí, con mis miedos.


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