sábado, 30 de noviembre de 2013

El juego del Ángel.


Aquí os dejo un trocito de "El juego del Ángel" de Carlos Ruiz Zafón uno de mis escritores preferidos:

Acaricié y besé cada centímetro de su piel como si quisiera memorizarlo de por vida. Chloé no tenía prisa y respondía al tacto de mis manos y mis labios con suaves gemidos que me guiaban. Luego me hizo tenderme sobre el lecho y cubrió mi cuerpo con el suyo hasta que sentí que cada poro me quemaba. Posé mis manos en su espalda y recorrí aquella línea milagrosa que marcaba su columna. Su mirada impenetrable me observaba a apenas unos centímetros de mi rostro.

"El juego del ángel" 

Carlos Ruíz Zafón.

viernes, 29 de noviembre de 2013

¿Y si no te hubieras ido?

Llaman a la puerta y eres tú. 
Todo está tan desordenado como de costumbre, la mesa del salón está sucia y aún tiene algún resto de comida de la cena. El mueble de la esquina se ha roto y la puerta le cuelga sujeta únicamente con un raído tornillo que se ve más de lo que debería.
Pasa.
Ven a mi habitación, está al final de pasillo, no enciendas la luz, solo tienes que seguirme.
Tumbémonos en la cama, pero dentro, que hace frío. 
Tienes las manos heladas. No puedo creer que seas tú. 
Siempre te dije que tu perfil era perfecto. El juego que hacían tu frente, tu nariz y tu barbilla era etéreo.
Vamos, bésame que ya no recuerdo cual era tu sabor.
Vamos, tócame antes de que se acabe el tiempo.
No hace falta que te diga lo que tienes que hacer cuando me tienes medio desnuda en la cama, intuyendo mi cuerpo pálido bajo esta tenue luz de invierno.
Sabes como dejarme extasiada, conoces cada recoveco de mi anatomía y como tus manos, o tus labios, o tu lujuria pueden complacerlos.
No recordaba que contigo el amor no se hacía, solo se sentía.
Y mírame, y sonríe porque sabes que no puedo resistirme.
Dime que volveré a tenerte, aunque sea mentira, porque quizás así pueda conciliar el sueño enredándome en tus promesas. 
Pero no te vayas. Por favor, no te vayas.


Joder, otro maldito sueño erótico.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Lo dice mi cama.


Mi cama está triste porque ya no la llamas.
Es más, ya no recuerda como la arañabas.
Te echa de menos, o eso me dice,
no sabe si a ti o a tu cuerpo
pero algo le falta.

Lo que dijiste no me supo a nada,
lo que callaste es lo que me mata.
Todas las noches de amor que me diste
eran, solo, sexo feroz en mi cama.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

Esas cosas que nunca te dije.

Pies de hielo en esta fría tarde cercana a Diciembre.
Nadie me cree cuando digo que ahora que no estás, llueve más.
Nadie logra comprender que el sol brilla menos desde que te fuiste.
Y que mi corazón se tiñó gris el día que no vi el verde de tu mirada.
Pasan los días y te acostumbras a la ausencia, a su triste ausencia y recuerdas todo lo que hiciste mal o, simplemente, todo lo que no hiciste.
¿Y si le hubiera abrazado aquel día?
¿Y si nos hubiéramos reído de aquel problema que solo era una tontería?
Me atormenta saber que pude dar mucho más y que aún así no lo hice...
Es reconfortante saber que aunque no pronunciara esas palabras lo sabías. A veces, nos olvidamos de decirlo.
Y si sigues, de alguna forma, escuchándome me gustaría hacerte saber que sigo en deuda contigo.





domingo, 24 de noviembre de 2013

Acuéstate contigo.


Te prestaré tus dedos
para que vayan haciendo la faena
de separar semillas que le toca a los míos.

Que tu lengua, imposible,
llegue a lamer los gozos y las penas
profundas y calientes que lamen lo que digo.

Que todas tus entradas
canten latidos de bienvenida
al invasor amable que ha tomado tu ombligo.

Abrázate de todo
y que la nada anuncie la estampida
que llegará conmigo, a romperte el olvido.

Acuéstate contigo.
La noche es una calle transitada
y acelerando,
hasta tu centro,
voy en camino.



Carlos Salem.

Os recomiendo a este escritor, yo estas Navidades por fin tendré un libro suyo pero por ahora aquí os dejo su blog para que sintáis: http://www.elhuevoizquierdodeltalento.blogspot.com.es/

viernes, 22 de noviembre de 2013

Olvídate tus bragas en mi mesilla.

Olvídate tus bragas en mi mesilla. Mañana irán a la basura, pero durante unos segundos darán un poco de dulzor a mi amargo despertar. ¿Devolvértelas? ¿Repetirlo? ¿Gastarnos? ¿Hastiarnos? ¿Para qué? Al final todo se acabará de la misma forma, con un beso, un “hasta luego” y una promesa de regresar. 
De volver atrás y tratar de estacionarnos en un hueco demasiado estrecho para los dos. Así que huiremos, bueno, “tú” huirás, yo me quedaré mirando el hueco que no ha llegado a dejar tu cuerpo en mi cama. 
Si llego a salir de la habitación quizás el gélido y fétido aliento de la cuidad me desperezará y te olvidaré en seguida entre los ojos de la rubia con la que me crucé en el primer paso de cebra. Pero las franjas blancas se acabarán y al otro lado el viento seguirá soplando de poniente y no habrá ningún nuevo mundo, ni oro, ni junglas, ni indígenas esperando con los brazos y las piernas abiertas. 
¿ Por qué tesoros intercambiaré entonces los espejos a los que ya no me sé mirar? Mejor romperlos y abandonarlos a su mala suerte en algún descampado, céntrico, tétrico y ambiguo.
Por eso olvídate las bragas y baja la persiana, no vaya a amanecer y me despierte contigo aún a mi lado y la mañana nos impida olvidarnos.


Rick Blaine.


viernes, 15 de noviembre de 2013

VODKA.

Me apetece emborracharme, sentir el vodka calentándome los huesos en una helada noche de invierno de medias rasgadas y tacones perdidos. Noches de locura y de compañías efímeras, de amnesias que no quieren recordar.
Llegar exhausta y caer rendida en una cama desconocida.

Y que al día siguiente solo me acompañe la puta resaca y profundamente me inunde la soledad de mi cuerpo desnudo, el rímel corrido y los besos que no se sienten.



miércoles, 6 de noviembre de 2013

14.- Elegía a Víctor.

Sentada en una silla incómoda, gris, como el cielo de aquella tarde, me dispuse a escribir una carta que no llegaría a enviar nunca. Lo consideré una elegía porque al fin y al cabo era lo que sentía: muerte.

Víctor,

El frío aparece pero no está en mi habitación, está en mi cuerpo, congelado desde que te fuiste.
Las mañanas son oscuras cuando me despierto inerte en la cama pensando, con los ojos abiertos y anclados en el techo, si me gustaría que estuvieras conmigo en ese momento. Durante mucho tiempo esa respuesta siempre ha sido sí pero algo ha cambiado. Algo se ha roto dentro de mí y ya no quiero que vuelvas, no, no quiero que vengas a salvarme, no quiero que nadie me salve pues ya es demasiado tarde.

He dejado de sentir, sí, aunque no lo creas, ya no siento. No te consideres el culpable de esta circunstancia porque a pesar del daño y de todas las guerras que ha librado mi corazón por ti, tú no tienes la culpa.
Simplemente, me he dado cuenta de que no merece la pena. No se le puede dar a nadie el poder de hacerte tanto daño.

Para mi ya no existes, te has disipado, esfumado, desaparecido. No estás. 
Y no recuerdo tus mentiras ni tu manera de hacerme daño. Solo me queda espacio para tus besos, tus caricias y tu manera de reír. Para esos días en los que el mundo se nos quedaba pequeño, para esos momentos en los que eras la mejor compañía para el frío e, incluso, para el calor. No me queda ni un pedacito del miedo que me hacías sentir, ni de tus gritos, ni de tu rabia. Es más, ni siquiera tengo espacio para tu desprecio.
¿De qué sirve guardar todo ese odio? Si puedo quedarme con la forma tan tierna en la que me hacías sentir deseada, en tus manos. En tus manos en mi cuerpo y en tu otoño sin final.
Tus pensamientos, tu imaginación o tus ganas de volar conmigo.

Cerré el folio y mis ojos. Encendí el mechero. Adiós.