viernes, 22 de noviembre de 2013

Olvídate tus bragas en mi mesilla.

Olvídate tus bragas en mi mesilla. Mañana irán a la basura, pero durante unos segundos darán un poco de dulzor a mi amargo despertar. ¿Devolvértelas? ¿Repetirlo? ¿Gastarnos? ¿Hastiarnos? ¿Para qué? Al final todo se acabará de la misma forma, con un beso, un “hasta luego” y una promesa de regresar. 
De volver atrás y tratar de estacionarnos en un hueco demasiado estrecho para los dos. Así que huiremos, bueno, “tú” huirás, yo me quedaré mirando el hueco que no ha llegado a dejar tu cuerpo en mi cama. 
Si llego a salir de la habitación quizás el gélido y fétido aliento de la cuidad me desperezará y te olvidaré en seguida entre los ojos de la rubia con la que me crucé en el primer paso de cebra. Pero las franjas blancas se acabarán y al otro lado el viento seguirá soplando de poniente y no habrá ningún nuevo mundo, ni oro, ni junglas, ni indígenas esperando con los brazos y las piernas abiertas. 
¿ Por qué tesoros intercambiaré entonces los espejos a los que ya no me sé mirar? Mejor romperlos y abandonarlos a su mala suerte en algún descampado, céntrico, tétrico y ambiguo.
Por eso olvídate las bragas y baja la persiana, no vaya a amanecer y me despierte contigo aún a mi lado y la mañana nos impida olvidarnos.


Rick Blaine.


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