lunes, 24 de febrero de 2014

Freedom.

Evadirme volando de problemas complejos
que se vuelven fáciles si aspiro despacio, 
con mis labios secos,
naturaleza muerta.
Cosquilleo en mis piernas, saliva espesa,
mente libre, corazón abierto.
Locura pasajera, liberación momentánea
de todas las cadenas. 
Fuera las mentiras, fuera tú, fuera yo.
Cada vez que mis pulmones se llenan,
mi estómago se vacía y mi alma
se cura de palabras necias.
Risas, carcajadas, ojos que se cierran,
dile hasta luego al dolor, haz que se pare el tiempo
solo una noche, o dos, o tres...
Sé feliz un momento.

jueves, 20 de febrero de 2014

Quien no arriesga, no pierde.

Intento escribir sobre algo que no tenga nada que ver con sentir pero parece que cuando escribo se despiertan esas partes de mí que pretendo esconder al mundo.
Es extraña esa sensación de sentirse sola a pesar de estar continuamente rodeada de gente, pero empiezo a pensar que me sentiré así hasta que no seas capaz de encontrarme en alguna calle recóndita de esta triste ciudad.
Vuelvo a hablar de ti porque parece que si no eres tú ya no podrá ser nadie. 
Estás tan cerca que puedo sentir como te mueves al respirar y al mismo tiempo estás tan lejos que ni siquiera puedo distinguir tu cara entre los rostros que vienen y van. Me siento perdida y necesito una brújula que me aleje de ti y me conduzca a la frialdad que solía invadirme aquellos lejanos días de verano.
Ansío tus besos porque creo que me harán sentir de nuevo y que provocarán que se vuelva a quebrar la capa de hielo que rodea mi cuerpo, pero después del primero solo serán agobio y ganas de salir corriendo, al fin y al cabo, los besos son solo bocas, saliva y lenguas enredadas, no sé porqué nos hacen sentir tal perdición.

Ya ni siquiera te quiero a ti, ya solo quiero lo que eres capaz de darme y es cierto lo que dicen de que quien no arriesga no gana, pero tampoco pierde y yo estoy harta de perderme.

Solo quiero olvidarme de ti. Enséñame como respirar cuando estás cerca o como no mirarte o como no odiarme por ello.


Después de todo, yo hablaba de encontrarte y tú de sus bragas, es tan patético que empiezo a pensar que la soledad consume el orgullo...



sábado, 15 de febrero de 2014

Gustavo A. Bécquer.

Hoy que la inspiración, como el Sol en este largo y tedioso invierno, escasea en mi mente, os dejo mi pequeña selección de poemas de Gustavo Adolfo Bécquer, uno de mis poetas favoritos. Espero que os guste.

RIMA XXX

Asomaba a sus ojos una lágrima 
y a mi labio una frase de perdón; 
habló el orgullo y se enjugó su llanto, 
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro; 
pero, al pensar en nuestro mutuo amor, 
yo digo aún: —¿Por qué callé aquel día? 
Y ella dirá: —¿Por qué no lloré yo?

RIMA LII

Olas gigantes que os rompéis bramando 
en las playas desiertas y remotas, 
envuelto entre la sábana de espumas, 
¡llevadme con vosotras! 

Ráfagas de huracán que arrebatáis 
del alto bosque las marchitas hojas, 
arrastrado en el ciego torbellino, 
¡llevadme con vosotras! 

Nube de tempestad que rompe el rayo 
y en fuego ornáis las sangrientas orlas, 
arrebatado entre la niebla oscura, 
¡llevadme con vosotras!. 

Llevadme, por piedad, a donde el vértigo 
con la razón me arranque la memoria. 
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme 
con mi dolor a solas!.

RIMA LIV


Cuando volvemos las fugaces horas 
del pasado a evocar, 
temblando brilla en sus pestañas negras 
una lágrima pronta a resbalar. 

Y, al fin, resbala y cae como gota 
de rocío al pensar 
que cual hoy por ayer, por hoy mañana, 
volveremos los dos a suspirar.

RIMA LIII

Volverán las oscuras golondrinas 
en tu balcón sus nidos a colgar, 
y otra vez con el ala a sus cristales 
jugando llamarán. 

Pero aquellas que el vuelo refrenaban 
tu hermosura y mi dicha a contemplar, 
aquellas que aprendieron nuestros nombres... 
¡esas... no volverán!. 

Volverán las tupidas madreselvas 
de tu jardín las tapias a escalar, 
y otra vez a la tarde aún más hermosas 
sus flores se abrirán. 

Pero aquellas, cuajadas de rocío 
cuyas gotas mirábamos temblar 
y caer como lágrimas del día... 
¡esas... no volverán! 

Volverán del amor en tus oídos 
las palabras ardientes a sonar; 
tu corazón de su profundo sueño 
tal vez despertará. 

Pero mudo y absorto y de rodillas 
como se adora a Dios ante su altar, 
como yo te he querido...; desengáñate, 
¡así... no te querrán!




domingo, 9 de febrero de 2014

No existimos.

Parece que el día acompaña a mis sentimientos porque la lluvia cae con fuerza y el viento sopla indómito. 
La sangre me hierve pero el corazón no late, y mis sentimientos que estaban marchitos parecen florecer. Y no quiero, no quiero sentir, ni sentirte, porque no estás.
Tus manos y mi espalda no se funden en un abrazo real, tus ojos no pueden transmitir lo que callas porque no puedo verlos y mi boca no quiere decir lo que pienso por miedo a creérmelo cuando lo oiga.
¿Por qué siempre tu voz es tan profunda?
Cuando creo que supero mi temor a olvidarnos me recuerdas que sigues soldado a mí. 
Tenemos que parar, tenemos que detener esta locura sin pensarlo dos veces o terminaré de corromperme, de pudrir este cuerpo que ya no implora que lo amen, sino que lo sostengan. 
Vete porque no estás, porque nunca has vuelto, porque tal vez ha sido un sueño.
Vete porque ya no luchamos, porque no nos quedan más fuerzas, porque ya no somos nosotros.
Vete porque el día es gris y porque ya no te tengo, ni me tienes.
Vete porque es muy tarde para mí, porque eres la única persona capaz de despertar partes de mí que quiero matar.
Porque los sueños no se hacen realidad.
Vete sin más. Vete sin mí.

lunes, 3 de febrero de 2014

Inténtalo.

No era fácil sobrevivir en un lugar tan inhóspito. Me sentía cansada y cada paso que daba suponía un esfuerzo que no podía asumir.
Hacía dos días que había comido un poco de sopa y la cabeza me daba vueltas, el cuerpo parecía no responderme pero no tenía hambre. Mi estómago rugía suplicándome que me alimentara pero mi garganta estaba cerrada a cal y canto y mi cerebro, bueno, mi cerebro ya no parecía mío.
Así pasaron las semanas, pareció eterno, interminable sufrimiento entre llantos ahogados en falsas sonrisas fingidas y en lágrimas y heridas que no cicatrizaban.
Cada mañana me despertaba y al abrir los ojos, los volvía a cerrar. Dormir era lo único que no me hacía pensar, por eso me pasaba el día tirada, intentando quedarme dormida sin conseguirlo.
Estaba sola en aquel lugar tan frío. Mi cama, mi vacío, mi autoestima por los suelos, mis pensamientos hirientes y yo.
La salida parecía tan lejana... Solo quería que todo aquello acabara y volver a ser yo, la que siempre había sido. Feliz, risueña, soñadora, pero ahora solo quedaba un resquicio de aquella que era y que temía no volver a ser.

Me hicieron pensar que nadie me quería, que estaba sola pero se equivocaban y creo que si hubieran tenido razón seguiría metida en la cama, con la cabeza tapada y el corazón doblegado por la derrota de no vencer mis propios obstáculos.
Por suerte, aún quedaba alguna gente que creía en mí y me aferré a ellos, a sus manos y a sus hombros para salir de ese hastío, de esa desesperanza... Les debo tanto que creo que nunca podré compensar todo lo que, casi sin darse cuenta, hicieron por mí.
Habéis sido mis ganas de seguir soñando.