lunes, 30 de diciembre de 2013

Adiós 2013.

Adiós a las lágrimas que derramé al no tenerte y a los besos que te debo y que nunca te daré.
Adiós a los malos momentos de angustia, desesperación y agonía. A esas personas que solo han buscado hacerme daño y hundirme y que no lo han conseguido por mucho que lo intentaban.
Adiós a los problemas que he superado y a las trabas que me habéis puesto para que no fuera feliz.
Me despido de los días grises y de ti.
Adiós a no sentirme bien en mi propia piel, a no quererme como debía y a no ser yo, si no la queríais que fuera.

Gracias a este año por enseñarme tantas cosas y tantas personas buenas. 
Gracias por los momentos de felicidad rodeada de la gente a la que quiero más que a nada en el mundo y por las oportunidades de sonreír sin miedo.
Gracias por los días soleados y por un verano de entusiasmo vacío de problemas.
Gracias porque sigo aquí, dándoos lo mejor de mí.

Hoy quiero decirle hola al futuro, a este año que no sé si será mejor que el anterior pero en el que soy más madura y segura de mí misma.
Hola a los problemas que van a venir, puedo con todo, soy más fuerte de lo que pensáis. 
Quiero darle la bienvenida a las personas que aún no conozco y que harán que mi vida sea más completa.

Estoy preparada para vivir sin miedo.



Feliz 2014.



viernes, 27 de diciembre de 2013

Ya no recuerdo tu voz.


Mira en lo que me he convertido. Aquí me tienes, frente a ti, ya no soy una niña.
Puede que haya cambiado y que ya no me importe lo que tú o la gente penséis de mí y que finja sonrisas que perecen. Mis ojos no son los mismos porque ya no pueden verte, están tristes, opacos, les falta el brillo que tú solías darles. Ahora me gustan el café y la ginebra. Ya no me importa despeinarme y estás cada vez más confuso y lejano en mi memoria. Ya no recuerdo tu voz.
Los momentos felices que pasamos juntos se han convertido en cuchillos dentados que rajan nuevos sueños.

Si dentro de mí aún queda algo de aquella que fui puede que quiera recordar de nuevo lo que tú me hacías sentir. Pero, soy tan distinta ahora, que prefiero seguir congelada.

A veces, me gustaría que el tiempo se hubiera parado en nuestra última despedida y tener en ese momento la certeza de que no volvería a verte. No te hubiese dejado marchar.
Porque pasa el tiempo y la vida y ya no te quiero ni a ti ni a mí.
Los sueños que tenía hace un año se han esfumado como tus promesas, como las cenizas de nuestra carbonizada complicidad.

Pero creo que te he olvidado.

Ojalá al corazón se le pudiera quitar la función de sentir.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Querido desconocido.

A ese alguien que aún no ha aparecido:

Ven a rescatarme de esta inútil existencia vacía de anhelos.
Ven cada noche a regalarme ganas de enfrentarme a los tristes pensamientos de mi cansada y pesimista mente.
Dame razones que me den la certeza de que volveré a sentir sin miedo.
Pinta un Monet con tus dedos en mi espalda marchitada de fracasos.
Quiéreme para que sepa lo que se siente al ser amada.
Déjame ser tu aprendiz de musa cada vez que la inspiración te abandone.
Hazme sentir pareja y amante entre tus férreos brazos y pídeme que no me vaya y que te bese y que te quiera. 
Ayúdame a sujetar la carga que supone el no tenerte cerca cada vez que mis sentimientos se desboquen, flagelados, en una copa de vodka barato.
Pero sobre todo, querido desconocido, aparece pronto, porque no sé cuanto tiempo aguantaré sin tu aliento cálido en mis labios. No sé cuanto tiempo falta para que las palabras que no tengo el valor de decir colapsen mi garganta, dejándome sin ganas de ti.



viernes, 13 de diciembre de 2013

Ojos pardos.

Suponía que era una falsa ilusión cuando al verle, mi estómago empezó a gritar lo que mi garganta no podía expresar.
Hacía mucho tiempo que no me sentía así, era una idea descabellada, algo irreal que solo ocurría en algunas películas de los noventa.
Habría hablado con él dos o tres veces pero desde el momento en que lo vi hubo algo en su rostro, en su mirada, que se metió dentro de mí, lo que hacía que me sintiera estúpidamente tonta.
Serían sus ojos, o sus manos, o su forma de hablar. Algo estaba claro, tenía unas ganas descomunales de besarle cada vez que lo veía. 

No entendía como era posible sentirme así si no había pasado absolutamente nada entre nosotros y eso era todo lo que yo quería, sentía la imperiosa necesidad de tocarle. Me quedaba pasmada mirándole y mi cerebro recreaba una y otra vez una escena en la que me levantaba, iba hacia él, lo empujaba contra la pared y le hacía cosas que es mejor no contar...

A veces, pensaba en que podría hacer para que me mirara, o para que simplemente supiera que existo. Pero era una tontería, sabía que cuando me hiciera caso yo misma me encargaría de que se fuera.

Una cosa tenía muy clara, no podía amar. La capacidad de amar a alguien se ve mermada por la imposibilidad de amarnos a nosotros mismos.

Por eso, intentaba por todos los medios sacarlo de mi cabeza. Aunque esos ojos oscuros estaban bastante anclados en mí.



miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿Es verdad que el amor mata?

Llegué a casa y mi gato vino a saludarme enredándose entre mis piernas, por suerte, él no había llegado, así que solté las bolsas, me quité el abrigo y me dispuse a cocinarle su plato favorito.

Era nuestro primer aniversario y la verdad es que todo era perfecto. Habíamos tenido alguna que otra pelea, pero nada de importancia. La mayoría de los días confundía los sueños con la realidad.
No era capaz de imaginarme una vida en la que él no estuviera. Me encantaba perderme en sus sábanas amándolo todas las noches.
Tenía una sonrisa... ¿cómo hablar de su sonrisa? 
Me vestí con el vestido azul añil que me había regalado unos meses antes. Un maquillaje sencillo y labios color bermellón. Yo estaba lista y la cena también. Faltaba poco para que llegara.
Pasaba el tiempo, lento, áspero... La cena se había enfriado y mis ojos estaban cansados. ¿Dónde se habría metido? No me contestaba al móvil por más que insistía

Eran más de las 3 de la mañana cuando escuché sus llaves en la puerta. Se acercó por el pasillo y un nauseabundo olor a sudor y whisky barato inundó nuestra pequeña habitación.
- ¿Dónde has estado? - le pregunté bastante enfadada.- Por si no te acuerdas hoy es, o más bien, era nuestro aniversario y tú llegas a las tres de la mañana, borracho y asqueroso.
- Marcos y Luca me invitaron a una copa y se me ha hecho un poco tarde. Además no tengo que darte ninguna explicación, soy libre de hacer lo que quiera.
- ¿Ah si? ¿Eres libre? Pues yo soy tu novia y creo que si me la merezco. Me das asco, no sé como has podido hacerme esto. Llevo esperándote desde las diez con la cena preparada y no eres capaz ni de llamarme.- Le grité histérica.

Me dio una bofetada de esas que te dejan la cara temblando y que te hace llorar como acto reflejo. No me podía creer que hubiera hecho eso. Él no era violento ni conmigo ni con nadie, no seria capaz de matar una mosca.
Me tapé la parte dolorida con la mano y me quedé inmóvil mirándole.
Él se quedó muy quieto, como en shock.
No lo dudé y me dirigí a la puerta decidida a marcharme a cualquier parte lejos de aquel lugar.
Entonces me agarró del brazo y me dijo: "No te vayas."
Yo no le hice caso y abrí la puerta queriendo huir. 
Me agarró aún más fuerte tirándome al suelo.
Yo lloraba y le imploraba que me dejara en paz cuando me cogió del pelo y me arrastró por el suelo hasta la habitación. 
En ese momento me dio otra bofetada y seguidamente un puñetazo en la boca. Notaba el sabor de la sangre cayendo por mis labios y sabía a mentiras y a decepción.

Me tiró en la cama y me choqué contra el cabecero. Me dolía mucho la cabeza, sentía las palpitaciones desbocadas de mi corazón.
Se tumbó encima mía mientras yo gritaba e intentaba apartarlo de mí en vano. 
Se bajaba los pantalones mientras intentaba abrir mis piernas hasta que acabó consiguiéndolo. 
Me dolía pero dejé de gritar. Miraba al techo esperando a que terminara lo antes posible. Estaba inerte, petrificada, como si estuviera muerta que era como me sentía. Solo escuchaba los chirridos de la cama y sus repulsivos jadeos en mi oído. 

Se fue de la habitación y me quedé en la cama hecha un ovillo y llorando en silencio. Cuando salió el sol, cerré los ojos y me quedé dormida. 
A la mañana siguiente, cuando iba a salir de la habitación y de aquel infierno me encontré un ramo de rosas rojas en la mesa y una nota.

No soy capaz de vivir con lo que te he hecho. No puedo perdonarme a mí mismo, no quiero excusarme pero sabes que no bebo y anoche me tomé varias copas... Lo siento muchísimo mi amor, te quiero más que a mi propia vida y sabes que nunca te haría daño. Déjame cuidarte y ser como he sido siempre, sabes que este no soy yo. Haré lo que tú me digas, no probaré una gota de alcohol nunca más pero por favor, no te vayas. Volveré en una hora con el desayuno y con todo lo que necesites para curarte.
Te amo.

En ese momento, dudé sobre que debía hacer.




domingo, 1 de diciembre de 2013

Ahora no hago el amor, lo mato.


Las luces de esta discoteca son distintas. No me dejan ver bien el rostro de la gente que viene y va, que baila o lo intenta y que sonríe como si fuera feliz. O será el alcohol, no lo sé.
Bailo como si nadie me mirara, como si estuviera sola en mi habitación. Estoy desinhibida porque no te tengo, o más bien, porque no me tienes. 
Y sonrío como si yo también fuera feliz, en ese momento creo que lo soy.

Te he visto y me has visto. Alto, ojos claros, cuerpo corriente. Comprendo lo que quieres decirme con tu manera de mirarme y me acerco porque sé que es lo que ansias.
Me agarras de la cintura y aprisionas mi cuerpo contra el tuyo. Te siento. Bajas tu mano hasta mi cadera y me unes aún más a ti.
- Te estaba esperando esta noche, creí que no vendrías - me dijo con una voz grave y profunda.
 Le miré fijamente, como si quisiera saber lo que pensaba. Era más guapo de lo que recordaba pero eso no importaba.
Me dio un beso, suave, corto. Y luego otro profundo y con sabor a no te vayas. Nos besamos mucho o poco, no lo recuerdo, no tenía noción del tiempo que pasaba entre sus labios.
Respiraba agitado y a veces se apartaba de mi boca y me abrazaba diciéndome algo al oído que no lograba escuchar porque la música sonaba demasiado fuerte.
- Tengo que irme.- Le dije, aunque era mentira. Y me fui no queriendo marcharme pero era lo que debía hacer. 
Se quedó mirándome con cara de perro abandonado y me sentí cruel pero sabía que él tan solo quería consolarse con mi compañía.

Aquella noche, me fui sola hasta el piso que compartía con mi gato y mis recuerdos y me tumbé en mi cama, que estaba deshecha, dándome cuenta de que quería estar sola por cobarde, por no reunir el valor suficiente para lo que conlleva darle a alguien el poder de destruirte, por miedo. Puro miedo a dar partes de mí que no quiero perder. Puro temor a tener que olvidar.

Pero aún así pensaba en los besos de aquella noche...Será que cuando tienes el corazón tan frío buscas que algo lo temple.