sábado, 24 de marzo de 2012

12.- Sophia

  Como otro día cualquiera me dirijo al hospital. El día está nublado, parece que lloverá. 
Entro en la habitación de Víctor pero no hay nadie, solo una cama blanca y una rosa marchita. 
Ni siquiera ha pasado una semana desde la última vez que vine y estaba estable, como siempre.
Camino en busca de una explicación, en busca de la esperanza pérdida, un busca de un amor que cada vez veo más lejos. Y lo veo al fondo del pasillo, va caminando del brazo de una mujer joven de cabello rubio. Víctor me mira, sonríe y acelera el paso hasta llegar a mí.

- ¡Ruth! No te imaginas las ganas que tenía de verte. Me han dicho que has venido a verme todas las semanas.
- Esto... sí, así es- le contesto sorprendida. Esperaba encontrar una trágica noticia y le veo ahí, tan alegre y tan sano. Encima va acompañado de una mujer. Algo no va bien.
- No sabes lo que significa para mí que te hayas sacrificado tanto para asegurarte de que estaba bien después del daño que te he hecho. Eres una amiga de las que no quedan- Me dice con una sonrisa perfecta.
- No ha sido nada.- respondo.
¿Una amiga? ¿Solo una amiga? Me he llevado todo este tiempo imaginando que pasaría si despertaba, imaginando nuestra vida juntos. Soñando con besarle, con abrazarle,con llorar junto a él al unísono por el sufrimiento que ambos habíamos superado. Pero los sueños, las expectativas, superan siempre la realidad.

- Te presento a Sophia, mi novia. Es una casualidad que nunca hayáis coincidido a la hora de visitarme.
Y en ese momento sentí una sacudida, una bofetada, un puñetazo en mi pecho herido por la desilusión de una aspiración que no podría cumplirse. Sophia. 





sábado, 18 de febrero de 2012

11.- Cuando ya nada importa solo te queda el recuerdo

¿Qué es la nada? ¿Qué ocurre cuando no te sientes ni a ti misma? Ya nada importa. Da igual que nieve o que te derritas con el calor. Da igual que tu estómago esté vacío o que en ese mismo momento tu vida se acabe.
Cuando pierdes todo lo que te importaba en la vida, ya nada importa.

Abro los ojos. No hay nada. Víctor no está. ¿Ha sido un sueño? No lo sé, parecía tan real. Su piel era suave como de costumbre y sus ojos brillaban mirándome.
Una enfermera se acerca.
- ¿Está usted con Víctor Di Gennaro? Me pregunta.
- Así es, ¿cómo está?
- Está en coma, hay muy pocas posibilidades de que salga de esta. Tienes que hacerte a la idea de que puede morir. - Me dice con total frialdad- ¿Quieres pasar a verlo?

Voy a la habitación 467 y allí está. Sigue teniendo tubos, sondas y goteros.
Y así todos los días en un mes. Todos los días cogía el autobús de la línea cuatro y me dirigía al hospital. Fui disminuyendo las visitas porque se me hacía imposible compaginar el resto de mi vida con aquello. Iba a verle los domingos y le dejaba una rosa roja en la mesita que se situaba cerca de su cabeza, a la semana siguiente volvía a ir y le cambiaba la rosa marchita por otra llena de vida, como si así él fuera a recuperarse al igual que la rosa roja...



Paseo por la calle, todo el mundo parece ser feliz. A nadie le importa mi infelicidad. Y yo pienso, solo pienso. Pienso en las cosas que no te voy a decir, las tonterías que no me vas a escuchar soltar, los pasos que no voy a dar a tu lado, las veces en las que mi mayor compañía será la soledad, los lugares que nos recordarán para siempre, en la ropa que no me vas a quitar, en las veces que sonreiré y a la vez entristeceré  cuando alguien diga tu nombre, en las noches en las que necesite tu calor al sentir mis sábanas heladas, en ese cuello que nunca voy a volver a morder, en esos ojos en los que ya no me voy a poder bañar. En que ya, nada será como antes.

viernes, 3 de febrero de 2012

Ninguno de los dos va a ser perfecto nunca



Me aparto de la historia para mostraros estas maravillosas palabras dichas por Bob Marley.

“He’s not perfect. You aren’t either, and the two of you will never be perfect. But if he can make you laugh at least once, causes you to think twice, and if he admits to being human and making mistakes, hold on to him and give him the most you can. He isn’t going to quote poetry, he’s not thinking about you every moment, but he will give you a part of him that he knows you could break. Don’t hurt him, don’t change him, and don’t expect more than he can give. Don’t analyze. Smile when he makes you happy, yell when he makes you mad, and miss him when he’s not there. Love hard when there is love to be had. Because perfect guys don’t exist, but there’s always one guy that is perfect for you.” 
-Bob Marley-


"Él no es perfecto. Tú tampoco lo eres, y ninguno de los dos va a ser perfecto nunca. Pero si el puede hacerte reír al menos una vez, te hace pensar dos veces, y admite ser humano y que se equivoca, entonces aférrate a él y dale todo lo que puedas. No te va a citar poesía, no va a estar pensando en ti a todas horas, pero te dará una parte de él que sabe que puedes romper. No le hagas daño, no intentes cambiarle, y no esperes de él mas de lo que te puede dar. No le analices. Sonríe cuando te haga feliz, chilla cuando te enfade, y échale de menos cuando no esté ahí. Que el amor dura cuando hay amor para tomar. Porque los chicos perfectos no existen, pero siempre habrá uno que sea perfecto para tí."
-Bob Marley-


10.- Un hospital de sillas verde oliva

Una sala de espera. Sillas incómodas de un descolorido verde oliva y paredes blancas. Hay poca gente, en frente de mí hay una mujer leyendo un libro, creo que es de esos para dejar de fumar. Un par de hombres están sentados más lejos y una anciana con la que parece ser su hija tres sillas a mi derecha. El reloj marca las 16:07, ya ha pasado una hora desde que no veo a Víctor y después del llanto me encuentro más tranquila. Mis ojos están cansados y húmedos. Mi estómago ruge, tendría que haber comido hace una hora pero tengo un nudo en la garganta que no permite hacerlo. El tiempo, pasa muy despacio, cada segundo parece más eterno que el anterior.
Me quedo dormida, supongo que de la espera y el cansancio. En las últimas noches no había dormido nada, me dolía demasiado lo de Carlos como para conciliar el sueño.

Noté como un beso me despertaba, era Víctor... pero, ¿cómo?, ¿cuánto tiempo había pasado? 
La sala de espera se encontraba ahora vacía, las paredes blancas parecían aún más relucientes, como si de ellas emanara un brillo sobrehumano. Víctor se situaba frente a mí, vestido con la bata beige del hospital. No tiene heridas en la cara, ni tubos, goteros o sondas. No puede ser, pienso.

- No te he olvidado nunca.- me dice con la voz más dulce que he escuchado.- A ti no se te puede olvidar, es imposible.
- Víctor, te quiero, me has dado un susto de muerte.- le respondo sin saber muy bien que decir.- ¿Cómo es que de pronto estás tan bien?
- Eso no importa. Solo escúchame. Siento mucho todo el daño que te he hecho, cada vez que pienso en las palabras que te dije se me parte el corazón en mil pedazos. Aún no me hago a la idea de como pude perder a la mujer de mis sueños en solo un día, porque eres la mujer de mis sueños. Tú que me sacabas una sonrisa en los momentos más amargos, tú que me abrazabas cuando más lo necesitaba, tú que estabas siempre ahí, en lo bueno y en lo malo. Sin ti mi mundo, mi vida, no tiene sentido. Tú iluminabas mis noches más oscuras. Nunca podré olvidar tus grandes ojos mirándome fijamente. 

Me abraza, cierro los ojos. Ni siquiera recuerdo a Carlos, aunque apenas haya pasado el tiempo. Mi amor por Víctor siempre había sido más fuerte. Abro los ojos y entristezco inesperadamente...



viernes, 27 de enero de 2012

9.- Habitación 467

Vi que había un cartel en el que ponía "recepción" en letras rojas y me acerqué desesperada.
- Podría decirme en que habitación se encuentra Víctor Di Gennaro - pregunté a la enfermera.
- Espere un momento.
Me acordé de la historia que me contó de por qué vino a España, era triste, conmovedora pero no era momento de pensar en eso, lo importante era verle.

- Habitación 467, señorita- me dijo la enfermera.
Ni le dí las gracias, salí corriendo como si verle fuese mi meta, como si por ello ganara una medalla de oro.
Y allí estaba, cubierto de tubos, sondas y goteros. Tenía la cara llena de moratones y los ojos cerrados. Era frágil.
Al verle rompí a llorar, estaba solo en aquella habitación blanca y esterilizada en la que la muerte se sentía cercana. La enfermera dijo que habían llamado a su familia pero aún no habían llegado.




Él no podía hablar, ni siquiera sabía si era capaz de escucharme pero comencé a hablar, a decirle lo que con tanta ansía esperaba que oyese. 
- Víctor, no puedes morirte. Hoy hace un día precioso y tienes que verlo. Tenemos que ser ancianitos y estar los dos juntos en nuestra casa soñada, sí, esa con ventanas azules. Tienes que cumplir tus sueños. Sé fuerte por favor. Yo estaré contigo para ayudarte. Te quiero, de hecho eres la persona a la que más he querido. ¡No seas egoísta! ¡No puedes dejarme sola! Te perdono Víctor, te perdono...

Algo interrumpió mis palabras, era un pitido que se te metía en el alma, que te cortaba la respiración. Miré un pequeño monitor negro que controlaba los latidos de su corazón y en él se veía una línea recta y horizontal que parecía no tener fin. Reaccioné, sabía lo que significaba aquello.
-Enfermera, Dios mío, enfermera- grité con todas mis fuerzas y ésta llegó en seguida acompañada de un médico algo mayor. El médico con voz grave le decía palabras como "paro cardíaco" o "desfibrilador". Me echaron de la habitación, no quería irme de allí, pero me obligaron y no pude verle más.  

jueves, 26 de enero de 2012

8.- Malditos coches


Víctor, mi primer amor, con el que no hablaba hacía casi un año y lo peor que podían contarme sobre él.
La voz de mi amiga Amanda sonaba triste, llorosa. Me seguía hablando pero yo no la oía, en mi interior solo existía la impotencia. Malditos coches.
Llegué casi teletransportada a la estación de autobuses. Por suerte, había uno a punto de salir.
Me senté en la parada y por extraño que parezca no lloré, no derramé ni una lágrima. Mis ojos miraban fijos algo insignificante que no recuerdo. 
Me subí en el autobús. El reloj marcaba la una y diez minutos. En la radio sonaba "Show must go on" de Queen que se adentraba en mi cabeza.

Recordaba perfectamente las tardes con Víctor, en su casa, perdidos en ese mundo, en esas sábanas que se arrugaban entre sus manos... ¡Su blanca y dulce sonrisa no podía apagarse para siempre! 
Tenía que decirle que siempre le había querido a pesar de lo que había pasado entre nosotros. Nunca le había olvidado.
¿Por qué tardaría tanto este negligente autobús? 
Tenía que llegar a tiempo, mis últimas palabras no fueron las mejores que se le puede decir a alguien antes de morir. Después de lo que pasó, de que me dijera que nunca me había querido me llamó llorando por teléfono, arrepentido y pidiéndome perdón. Pero me había hecho mucho daño y le dije que era la persona más despreciable que había conocido nunca. Colgué. Sí, esas fueron mis últimas palabras.
Llegué al hospital.


martes, 24 de enero de 2012

7.- Colapso de un vacío cualquiera.

Cuando algo a lo que te aferrabas desaparece sientes un vacío inmenso en tu corazón. Crees que siempre te sentirás así pero no, poco a poco ese hueco se va llenando, hasta que se vuelve a colapsar. Los recuerdos que te quedan son como esa piedrecita en el zapato que te molesta sí, pero no te impide seguir caminando.



No era yo misma. No era esa chica feliz, sonriente, optimista. No era sensible y enamoradiza como siempre.
Me miraba al espejo y me sentía extraña, en mi cara podía haber una triste y falsa sonrisa pero en mis ojos se podía apreciar el dolor, las noches sin dormir esperando su llamada y la falta de compañía.
Nada ni nadie me servía. ¿Amigas? Las había perdido casi todas al estar solo con Carlos. Mi culpa.
¿Familia? No sabían nada de mi vida. Mi culpa también.
La soledad se adueñaba de mí. Debía escapar de esa situación si no quería perder la cabeza...

Intenté hablar con él mil veces pero me ignoraba. Después de todo supongo que era lo que me merecía. Me sentía despreciada...
Las ganas de luchar se iban acabando y me llamaron por teléfono, después de la noticia el corazón se me paró por una milésima de segundo y pude recordar todos lo momentos que pasé con él.



jueves, 19 de enero de 2012

6.- Mil lágrimas derramadas

- No creo que te quiera como tú a mí, me he dado cuenta de que el amor que sentía por ti no va más allá de la amistad.- Me contestó intentando cogerme la mano.

Yo simplemente cerré los ojos que se encontraban cubiertos por mis manos. Las lágrimas caían con crueldad... Correr, solo quería correr y escaparme de aquel siniestro lugar en el que se encontraba él. Mi vida en aquel momento carecía de sentido. ¿Cómo que no podría volver a besarle? ¿Por qué mi dedo no recorrería más su espalda? Lágrimas, labios temblorosos, corazones rotos...
Hizo el amago de abrazarme, quizás para consolarme, no se daba cuenta de que era imposible parar mi dolor y menos aún con un abrazo que me hiciera oler su cuello y tocar su piel. Nada se podía hacer ya para reconfortarme.

Me fui, intentaba escapar de mi cuerpo, de mis amargos pensamientos. Le di dos golpes a la pared y me dejé caer encima de ella, me sujetaba, aunque me iba deslizando poco a poco hasta llegar al suelo. Soledad. Angustia. Tristeza.

Mi mente se quedó en blanco. Solo sentía una lágrima caer suavemente por mi cara, resbalaba cercana a mi nariz hasta llegar a mis labios consumidos por la rabia. Mi lengua sentía su sabor, salado, mar, playa, verano y Carlos, siempre Carlos... nuestras miradas cómplices, nuestras sonrisas suplicantes de pasión, nosotros, él, yo y ahora... nada, simplemente recuerdos.


miércoles, 18 de enero de 2012

5.- Nuestro mundo a parte

Se quedó pensativo...

- No te vayas, no podría soportar perderte.- Me respondió suavemente.
- No vas a perderme nunca.- Le dije.

Y me besó. Me besó como nadie lo había hecho antes, me sentí viva y en paz conmigo misma, esa noche podría morir entre sus brazos, no me hubiese importado.

Decidimos empezar una relación. Era completamente feliz, ya no pensaba en mi primer amor ni un segundo. Toda mi vida giraba en torno a Carlos, le escribía cartas, miraba sus fotos a todas horas, siempre estaba deseando estar con él. Besarle, abrazarle, susurrarle lo que le quería al oído, sentir su cuerpo, sus ojos, sus manos de hombre, su mirada profunda... ¡y lo mejor de todo era que él me correspondía!

Los fines de semana pasaba la mayor parte del tiempo en su casa. Llegaba y nos poníamos a charlar, jugábamos al Singstar, yo, le hacía cosquillas para que no ganase y él me tapaba la boca con un beso para que no pudiese ser yo la que le vencía. Más tarde cenábamos y siempre le robaba comida de su plato sin que se diera cuenta. Todo era tan perfecto que no podía creerlo. Otra vez estaba completamente enamorada de alguien, otra vez confiaba plenamente en una persona con el riesgo que eso conlleva, otra vez era feliz.

Pasó un mes, solo un mes sí, pero vivido tan intensamente que pareció más. En cada beso que me daba se detenía el tiempo, sentía como la sangre me recorría las venas, como el vello del cuerpo se me erizaba. Sin embargo, el destino no dejaba que mi felicidad durara demasiado. Como siempre no todo es de color de rosa y como siempre el amor duele...


Estaba extraño, acabaron las vacaciones y volvimos a los estudios. Él estaba muy estresado y ahora parecía que le costaba besarme, abrazarme o simplemente que estuviéramos a solas.
Se lo conté a un amigo y rompí a llorar... ¿Por qué? ¿Que había hecho mal?  
Me estaba esforzando al máximo para que esta relación saliese bien y parecía que simplemente era su amiga, incluso nos veíamos menos que antes de empezar a salir. Todo eran excusas y más excusas que no llegaban a ningún sitio.
Llegó a ese banco de hierro forjado negro en el que me encontraba con mi amigo y se sentó conmigo. Mi amigo se fue.

- ¿Qué te pasa?- Me preguntó.
- Sabes lo que me pasa, te quiero muchísimo, la pregunta es: ¿Me quieres como yo a ti?- Le dije como pude, ya que el llanto no me dejaba hablar con fluidez.

martes, 17 de enero de 2012

4.- El beso de mi mejor amigo

El tiempo pasaba y no se detenía. Cada día estaba más enamorada de Carlos y de sus ojos azules.
En esa noche fría con atmósfera pesada y nubes en el cielo lo encontré.
- ¿Vamos a mi casa?- Preguntó.
Yo sin dudarlo le respondí que sí, nunca rechazaría la oportunidad de estar a solas con él.
No podía más, me sentía culpable por amarle, sucia, despreciable porque sentía que estaba mintiéndole ofreciéndole una amistad que no existía, ya que se había convertido en amor. Por ese motivo, decidí contarle lo que sentía. Las manos me temblaban, el pulso me iba a mil por minuto pero él se me adelantó.

-¿Qué te pasa? Hace unos días que te noto muy triste.- Me dijo.
- Nada, solo son cosas mías, se me pasará pronto.- Le respondí nerviosa.
- Sé que me estás mintiendo y quiero que me digas la verdad, sabes que siempre estaré a tu lado sea lo que sea lo que te pasa.

Era tan dulce, sus palabras me invitaban a contárselo, confiaba plenamente en él, entonces me arriesgué.

- Carlos, hace tiempo que siento algo por ti. He intentado evitarlo con todas mis fuerzas pero no puedo, esto me supera.- le dije esperando una respuesta que me destrozara.
- Yo también siento algo por ti, creo que te quiero como a algo más que a una amiga.- Me respondió mirándome fijamente.
Y entonces le besé dulcemente. Cuál fue mi sorpresa cuando giró su cuello y dejo de besarme.

- No sé si esto está bien. No quiero que dejes de ser mi mejor amiga si esto sale mal.- Me susurró al oído.
- ¿Quieres que me vaya?- Le dije sorprendida.
Se quedó pensativo...


domingo, 15 de enero de 2012

Puedo escribir los versos más tristes esta noche...

Me aparto un poco de la historia para escribiros este precioso poema que a mí personalmente me encanta de Pablo Neruda. Podéis encontrarlo en su libro 20 poemas de amor y una canción desesperada. Aquí os dejo un vídeo de YouTube en el que él mismo lo recita: 







Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos." 
El viento de la noche gira en el cielo y canta. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 

En las noches como esta la tuve entre mis brazos. 
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 
Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. 
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche esta estrellada y ella no está conmigo. 
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 

Mi alma no se contenta con haberla perdido. 
Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, 
mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa, 
y estos sean los ultimos versos que yo le escribo.

3.- Un nuevo comienzo

Me pasaba todo el día llorando, no sabía que hacer sin él... Parecía que toda mi vida no tenía sentido sin sus besos. Estaba sola.
Pasó el tiempo y mi mayor apoyo fue mi mejor amigo, y así lo veía yo, como mi mejor amigo.
Se llama Carlos y era, como explicarlo, especial. Podías hablar de cualquier tema con él que las risas estaban aseguradas. Me pasaba todo el día con él, todo.
Poco a poco me di cuenta de que sentía algo por él, algo muy fuerte e intenté evitar ese sentimiento.
¿Merecía la pena acabar con esa bonita amistad? No.
Lo miraba fijamente, me encantaba, lo quería de otra manera que a mi primer amor, pero de una manera muy especial. Me odiaba por ello.

Nunca se enamoraría de mí, ya que él siempre había estado con mujeres guapas y de esas que gustan a todo el mundo. Sin embargo yo, era del montón, no tenía nada diferente.


martes, 3 de enero de 2012

2.- Primer amor y primer desengaño

Nuestra historia continuaba. Yo era muy tímida y cada vez que quedaba con él me moría de la vergüenza pero él sabía calmarme con sus palabras. No sé si era su voz, sus caricias o ese dulce aroma pero me encantaba.
Poco después se lo dije a mi madre y aunque creía que aún era pequeña para adentrarme en el cruel mundo del amor, lo aceptó con alegría. Todo era perfecto. Pasaban los meses y si, también nos peleábamos, pero a su lado todo era insignificante.
Llegó el momento y nuestros cuerpos se fundieron al compás de las olas...  Era la persona más feliz del mundo.


Pero nada es perfecto. Pasó el tiempo y las cosas empezaron a cambiar. Él empezó 1º de Bachillerato y conoció a gente nueva que no le llevó por el mejor camino... Recuerdo un día con total claridad: Era un día soleado, de esos en los que piensas que todo irá bien, días antes habíamos estado toda la tarde juntos en su casa, hablando del futuro, del amor, en fin de infinidad de cosas sin sentido, pensaba que todo era perfecto, cuando pensaba en él se me iluminaba la cara, qué lástima que él no pensara como yo, que me engañara de ese modo. Al día siguiente quedamos en vernos, y así fue.
 Fui a su casa y cuando estaba llegando me dijo que no podía salir.
- ¿Cómo que no puedes salir si habíamos quedado?- Le dije.
- No, tengo que estudiar.- Contestó
Sabía que no era cierto, lo presentía. Entonces vi a los amigos yendo para su casa, a consumar una de sus aficiones, la droga.
¿Cómo aquel dulce chico de sonrisa perfecta y mirada inocente se había convertido en aquello? No podía creerlo, me había sustituido por  personas que supuestamente le entendían mejor que yo...
Entonces le hice la siguiente pregunta:
-¿Esto es lo que me quieres?
A lo que respondió - No te quiero, ni nunca te he querido.
Rompí a llorar. Me marché y recé por no volver a verle.

lunes, 2 de enero de 2012

1.- Un 12 de julio

Dos años atrás conocí a una persona, por aquella época yo era una adolescente de 15 años bastante inmadura e ingenua, pero entonces apareció él para hacerme comprender el significado de la palabra amor.
Un día antes lo conocí en la playa, solo lo había visto unas pocas veces por mi pueblo y aunque me había llamado la atención no le dí más importancia, pero aquel día lo sentí. Era algo mágico, una conexión inesperada. Reímos, charlamos, sentimos, todo era increíble. Al día siguiente me dijo que quería estar conmigo, que sentía algo por mí y que no deseaba una relación de unos pocos días sino algo duradero. No sabía que hacer, nunca había sentido eso ni nadie me había hecho sentir tan especial. Aunque le hice esperar le dije que sí y nos besamos, no era mi primer beso pero como si lo fuese, era la primera vez que sentía algo tan gigantesco. Así comienza mi historia.