miércoles, 13 de julio de 2016

Azul.

Desde el principio le dejé muy claro que solo éramos "amigos". No quería complicaciones. Él podía hacer lo que quisiera y yo también, no teníamos ningún compromiso. Ambos estábamos de acuerdo, él acababa de salir de una relación muy tóxica y yo estaba demasiado bien sola como para complicarme la vida y además, el curso siguiente me iba a otro país a estudiar.

Empecé a quedar con él sin mayor expectativa que la de pasar un buen rato, y aunque al principio todo me parecía extraño, cada vez me gustaba más estar con él. Nos pasábamos las noches en su casa haciendo nada y todo al mismo tiempo.

Él tocaba la guitarra y le ponía tanto sentimiento que era imposible no quedarse embobada mirándole desprender tanta magia. A veces me cantaba y me miraba de reojo cuando soltaba una frase que sabía que me iba a gustar.

Éramos muy distintos y eso lo hacía más interesante. Discutíamos sobre nuestros ideales y siempre acabábamos comiéndonos a besos.
No importa que lo que estuviéramos haciendo fuera jugar al ajedrez, devorándonos, anestesiándonos, escuchando música, viendo quien comía más helado o bailando vals en la cocina. Los días pasaban y no nos dábamos cuenta de que estábamos creando primavera.
La mecha estaba encendida y acabaríamos quemándonos.

Él se fue y yo también pero se quedó el antojo de seguir jugando cada tarde.

A veces me pasa que cuando todo es tan simple y bonito, inconscientemente lo complico. No dejo que me quieran. Eso es justamente lo que volvió a pasar, empecé a pintarnos líneas rojas y desbaraté mi cabeza con planes de un futuro que no existía. Es difícil que alguien pueda quererme con todos mis infiernos. 

Era muy improbable que él, que también también estaba roto, pudiese repararme.
Solo estábamos jugando.
Solo nos atrevimos más de lo que debíamos.
Solo lo estropeé porque era demasiado perfecto para lo que yo merecía.


Una noche más sigo haciéndome trampas a mí misma. Cuando soy feliz busco la manera de estropearlo, y siempre, siempre la encuentro. Es un autosabotaje continuo.



Acabé quemándolo pero siempre llevaré en mis dedos las cenizas de este incendio.





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