jueves, 19 de diciembre de 2019

Quisiera olvidarlo

Estoy pensando que quizás esto sea lo que me espera el resto de mi vida. Estos días tristes carentes de motivo, la mueca de fastidio perenne en el rostro, el cuerpo compungido como si me hubieran dado una paliza y la continua sensación de estar haciéndolo todo mal. 

El cerebro es mas complejo de lo que creía. A veces, cuando vivimos una situación traumática, éste trata de justificar la acción restándole importancia o simplemente la deja aparcada en el olvido, cerca de un bidón de gasolina hasta el día en que surge la chispa y explota todo. 

Creo que estos días de tristeza sin razón alguna son los intentos de mi cerebro de mantenerlo todo bajo llave. Me acuerdo más que de momentos, de sensaciones. La sensación de sentirme un estorbo, de ser inferior, de que merezco estar sola. Un día me levanto y me siento así, como si mi cerebro ese día estuviera bajo de defensas y los recuerdos que tenía encerrados se hubiesen amotinado y pretendieran fugarse. 

Es difícil que alguien me entienda cuando ni yo logro hacerlo. Me siento terriblemente sola. Necesito que me quieran más, que me recuerden que todo está bien. No es así. Normalmente, tengo que llorar como una niña para sacar la presión que me invade. Intento estar bien pero es difícil si me quedo sola con mis recuerdos planeando sobre mí como una bandada de buitres sobre carroña.

Solo algunas veces consigo pedir ayuda pero me arrepiento rápidamente. No la obtengo o quizás, no la busco donde debería hacerlo. Ya que me siento sola también quiero estarlo. No me gusta esta sensación de soledad en compañía, hace que me sienta aún más vacía.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Óleo sobre lienzo

No puedo pararlo porque dejaría de latir. Así, sin más, aunque ya no sea yo. Lo hice por ti, para ser lo que tú querías que fuera. 
Me sentí pequeña tantas veces que me quedé encogida, esperando como una larva la metamorfosis. La primavera nunca llegó y me quedé encerrada en una crisálida de pena.
Nunca florecí a tu lado. Tú querías una mariposa y yo era un gusano fingiendo tener alas, pintando colores vivos en mi alma gris.
Me conformé con tener tu risa. Nada es lo mismo desde entonces. No paro de chocar contra un muro de piedra. Voy siempre corriendo y con los brazos abiertos como si buscara romperme todos los huesos, como si no esperara estamparme contra él, ilusa, perdida, analfabeta de dolores.