No puedo pararlo porque dejaría de latir. Así, sin más, aunque ya no sea yo. Lo hice por ti, para ser lo que tú querías que fuera.
Me sentí pequeña tantas veces que me quedé encogida, esperando como una larva la metamorfosis. La primavera nunca llegó y me quedé encerrada en una crisálida de pena.
Nunca florecí a tu lado. Tú querías una mariposa y yo era un gusano fingiendo tener alas, pintando colores vivos en mi alma gris.
Me conformé con tener tu risa. Nada es lo mismo desde entonces. No paro de chocar contra un muro de piedra. Voy siempre corriendo y con los brazos abiertos como si buscara romperme todos los huesos, como si no esperara estamparme contra él, ilusa, perdida, analfabeta de dolores.
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