lunes, 4 de julio de 2016

Día.

Los pies me dolían muchísimo. Llevaba horas sin descansar. Esa mañana había llegado temprano a clase porque tenía un examen. Había estudiado, lo prometo. Había estudiado muchísimo y aún así no había conseguido contestar a más de un par de preguntas. Salí decepcionada después de dos horas y me adentré en otra clase en la que simplemente asentía como si al profesor le importara si lo estaba entendiendo. Almuerzo rápido, a las 4 tenía que estar trabajando.

Llegué a la cafetería y mi jefa me dijo que ese mes cobraría menos. Tenía que entenderla, las cosas no iban bien, la gente no gastaba dinero y un largo etcétera de explicaciones que no escuché porque estaba haciendo cálculos. Tenía que pensar como iba a pagar la matrícula, la comida y el piso y no me llegaba. Otro mes a base de pasta y arroz en todas sus modalidades. 

Le dije que la entendía ¿qué más podía hacer? Tal y como estaban las cosas no me podía arriesgar a perder el trabajo.

Me dispuse a fregar los vasos cuando entraron tres hombres de unos cuarenta o cincuenta años. Me chistaron para que les atendiera. Como lo odiaba... ¿Tan difícil era decir "perdona"? 

Uno de los hombres, el que olía a sudor rancio, me pidió dos cervezas y un café. Lo serví todo en la mesa y otro de los hombres, con un espeso bigote, tiró al suelo la cucharilla del café. Me agaché a cogerla y pude sentir como los tres me miraban el culo. "Gracias guapa" me respondió guiñándome el ojo. Siguió diciéndome que tenía una boca muy bonita mientras se relamía y sus dos compañeros se reían. Yo sonreía, eran clientes, pero que asco me daba. 
Cuando me pagaron, me habían dejado un euro de propina y sentí que vendía mi dignidad por una miseria.

El turno terminó con normalidad y a las diez de la noche salí de aquel lugar sin ganas de volver al día siguiente. Al menos, era viernes.

Gala me había mandado un mensaje. Esta noche salíamos. No me apetecía, solo quería meterme en la cama y ver mi nueva serie favorita hasta que me quedara dormida. Insistió y acabé cediendo.

Cuando llegué a mi minúsculo apartamento mi compañera de piso ya se había marchado. Me pinté los labios de rojo y me puse un vestido que ya había usado muchas veces pero que me encantaba.
Fui al piso de Gala en el que se encontraba con tres amigas más. Gala me dio un beso y me dijo que tenía mala cara. 

Pensé que quizás la ginebra me quitaría el dolor de pies y así fue. Después de cuatro copas de esa baratija de marca blanca incluso me apetecía bailar. 

Me lo estaba pasando bien y me alegré de haber salido. No todo iba a ser estudiar y trabajar. Bailé hasta que me olvidé de que mi vida no tenía sentido. A las 5:48 miré el móvil y vi que tenía un mensaje de Hugo. 
Solía hacer eso. Salía de fiesta y cuando no encontraba a otra con la que pasar la noche me llamaba a mí. Estaba acostumbrada. No me importaba ser su última opción, al fin y al cabo así como era me sentía.

No os equivoquéis, Hugo me caía bien. Me había dejado las cosas claras, o sea, no habíamos hablado del tema pero nunca me dio motivos para pensar que esto era algo más que un buen rato. Además me gustaba y sabía como hacerme disfrutar, era suficiente.

Me fui para casa y me desnudé. Hugo llegó pronto. Lo conduje a mi habitación a oscuras y me dejé querer. Cuando esperaba que se marchase, se encendió un cigarro y se quedó mirándome como si pretendiera verme por dentro.
Me sentí incómoda, tenía miedo de que sus ojos pudiesen atravesar los míos. Ante él me mostraba segura, fuerte, implacable. Nada era cierto, solo actuaba, y me daba mucho miedo de que viese que en realidad solo era una chica del montón con más problemas que años.

Le dije que estaba cansada y me preguntó si podía quedarse a dormir solo por esa noche. No supe decirle que no.
Se tumbó y pasó el brazo por debajo de mi cabeza. Me miró de nuevo a los ojos y me di la vuelta para que no pudiera adivinarme.

Empujó mis caderas a su cuerpo y me besó en la nuca. Suspiré y cerré los ojos mientras mis labios esbozaban una leve sonrisa, quizá porque me sentía segura entre sus brazos, quizá porque me imaginaba lo que podría llegar a ser si no viviera con tanto miedo.


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