Recuerdo que tus manos en mi cintura acercaban mis ganas a tus antojos, que me acariciabas lento y yo no quería que pararas nunca de ser tan imperfecto. Que tus lunares se habían convertido en mi refugio y que ya no sabía cual era mi favorito.
Recuerdo que volvieron a gustarme los abrazos porque dentro de ti me sentía a salvo; que volábamos todas las noches y que yo nunca llegaba a aterrizar del todo.
Te recuerdo tanto que a veces te invento en otros cuerpos. Y que no puedo, no puedo parar de recordarte y eres como un cuchillo que me apuñala lacerante, desgarrándome hasta el tuétano, rompiéndome una vez y otra y otra más.
Y ahora me da miedo que tú seas un recuerdo y yo para ti sea olvido; que te encuentre y no reconozcas mi voz gritándote al oído. Que tu luz se apague y las sombras vuelvan a atraparme. Que tus ojos se cierren y mis manos no busquen tu placer inagotable.
Miedo de que me duelas.
Miedo de que te vayas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.