Me quedo dormida, supongo que de la espera y el cansancio. En las últimas noches no había dormido nada, me dolía demasiado lo de Carlos como para conciliar el sueño.
Noté como un beso me despertaba, era Víctor... pero, ¿cómo?, ¿cuánto tiempo había pasado?
La sala de espera se encontraba ahora vacía, las paredes blancas parecían aún más relucientes, como si de ellas emanara un brillo sobrehumano. Víctor se situaba frente a mí, vestido con la bata beige del hospital. No tiene heridas en la cara, ni tubos, goteros o sondas. No puede ser, pienso.
- No te he olvidado nunca.- me dice con la voz más dulce que he escuchado.- A ti no se te puede olvidar, es imposible.
- Víctor, te quiero, me has dado un susto de muerte.- le respondo sin saber muy bien que decir.- ¿Cómo es que de pronto estás tan bien?
- Eso no importa. Solo escúchame. Siento mucho todo el daño que te he hecho, cada vez que pienso en las palabras que te dije se me parte el corazón en mil pedazos. Aún no me hago a la idea de como pude perder a la mujer de mis sueños en solo un día, porque eres la mujer de mis sueños. Tú que me sacabas una sonrisa en los momentos más amargos, tú que me abrazabas cuando más lo necesitaba, tú que estabas siempre ahí, en lo bueno y en lo malo. Sin ti mi mundo, mi vida, no tiene sentido. Tú iluminabas mis noches más oscuras. Nunca podré olvidar tus grandes ojos mirándome fijamente.

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