viernes, 13 de diciembre de 2013

Ojos pardos.

Suponía que era una falsa ilusión cuando al verle, mi estómago empezó a gritar lo que mi garganta no podía expresar.
Hacía mucho tiempo que no me sentía así, era una idea descabellada, algo irreal que solo ocurría en algunas películas de los noventa.
Habría hablado con él dos o tres veces pero desde el momento en que lo vi hubo algo en su rostro, en su mirada, que se metió dentro de mí, lo que hacía que me sintiera estúpidamente tonta.
Serían sus ojos, o sus manos, o su forma de hablar. Algo estaba claro, tenía unas ganas descomunales de besarle cada vez que lo veía. 

No entendía como era posible sentirme así si no había pasado absolutamente nada entre nosotros y eso era todo lo que yo quería, sentía la imperiosa necesidad de tocarle. Me quedaba pasmada mirándole y mi cerebro recreaba una y otra vez una escena en la que me levantaba, iba hacia él, lo empujaba contra la pared y le hacía cosas que es mejor no contar...

A veces, pensaba en que podría hacer para que me mirara, o para que simplemente supiera que existo. Pero era una tontería, sabía que cuando me hiciera caso yo misma me encargaría de que se fuera.

Una cosa tenía muy clara, no podía amar. La capacidad de amar a alguien se ve mermada por la imposibilidad de amarnos a nosotros mismos.

Por eso, intentaba por todos los medios sacarlo de mi cabeza. Aunque esos ojos oscuros estaban bastante anclados en mí.



2 comentarios:

  1. Hola! he visto tu comentario y no he podido evitar cotillear un poco por tu blog. Tienes alma de poeta, o de persona enamorada.
    Muchas gracias por recordarme que si merece la pena, tengo que luchar por ello, de verdad.
    Espero que todo te vaya bien. <3
    Att: Demasiado dulce para el rock and roll.

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  2. Gracias a ti, no sabes la ilusión que me ha hecho tu comentario. Me alegra muchísimo saber que lo que hago sirve para algo, o más bien, para alguien.
    Gracias, gracias y gracias <3

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