Me apetece emborracharme, sentir el vodka calentándome los huesos en una helada noche de invierno de medias rasgadas y tacones perdidos. Noches de locura y de compañías efímeras, de amnesias que no quieren recordar.
Llegar exhausta y caer rendida en una cama desconocida.
Y que al día siguiente solo me acompañe la puta resaca y profundamente me inunde la soledad de mi cuerpo desnudo, el rímel corrido y los besos que no se sienten.
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