domingo, 12 de julio de 2015

Olor a libro viejo.

Es rara esta sensación. Se parece a oler un libro viejo; ya lo has leído, conoces la historia que contiene, recuerdas los errores que cometieron los personajes y sabes como acaba, pero, lo hueles y parece que esconde algo que no sabes, que algo ha cambiado en él, que quizás te saltaste un par de páginas que cambiaban el rumbo de la historia. 
Eres el olor de un libro viejo. Me transportas a un lugar que ya conozco, haces que mi imaginación se agite desmedida buscando nuevos horizontes en los que consumirme.
A mí no me gusta releer libros viejos. Prefiero nuevas páginas en las que desvanecerme, momentos que sean insólitos para mis sentidos, que consigan sorprenderme como cuando muere el protagonista y no tiene sentido.
Tú hueles a libro viejo pero estás lleno de páginas nuevas, algunas incluso en blanco.
Esta sensación me confunde, parece que sí pero no. No consigue arrancar a pesar de que acelera. Frenar parece lo más lógico. 
Mi problema es que siempre hablo fuerte cuando brindan mis recuerdos y mis ganas, como para no escucharme, como para callarme por dentro. Para no volver a antiguos lugares en los que ya me hicieron daño, para no volver a ti.
Creo que debería irme a casa. Nunca pasa nada bueno cuando nos vemos, el mundo es demasiado grande para nosotros. Intentamos volar pero siempre nos caemos en el precipicio de nuestros ojos, y volvemos a poner los pies en la tierra, machacados, descompuestos, y nos damos cuenta de que no es real. No ha sido real, solo ha sido un deseo de lo que queremos que sea.
Esta noche te estoy gritando pero no eres capaz de escucharme porque estás roto, más roto que yo, porque aún no has curado el adiós, no puedes. No eres capaz de tachar tus antiguas páginas, no puedes volver a escribir porque no soy yo tu musa y no encuentras en mí la inspiración para componer un nuevo principio. Porque estás en ella, porque eres suyo aunque no lo sepas, porque las cadenas no se han roto y no has aprendido a ser tú sin ella y la recuerdas y aún te pones triste porque te gustaría volver a ese capítulo de tu libro y no escribir uno nuevo, porque te gustaba el capítulo que ella escribió para ti, porque para ti, ella es tu olor a libro viejo y yo tan solo soy un par de páginas en una pantalla táctil.

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