viernes, 16 de mayo de 2014

¿Cuánto tiempo tiene que pasar?

Solo echo de menos la que era cuando me mirabas con ojos vidriosos y caía rendida ante ti, olvidándome de mi propia existencia, hundiéndonos en sonrisas, encajando cada hueco de nuestro cuerpo, clavándonos los huesos, jugando a nada y ganándolo todo.
Profundo y áspero era lo nuestro, tan profundo que aún te siento y tan áspero que aún me duele.
Recuerdo que nos quisimos, quizás demasiado, dimos caladas muy rápidas y nos consumimos. Ahora solo somos un cigarro mal apagado, pero ¿a quién le importa?
Y me siento como un violín al que le falta una cuerda o como una camisa con un botón menos, incompleta y rota.
Ya ni siquiera evoco recuerdos que me lleven a momentos felices porque no estoy triste, solo estoy vacía. 
Es culpa mía, que no sé olvidar.



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