He estado todo este tiempo lamiéndome las heridas como una gata, recomponiendo cada pedazo de los miles en los que me rompiste, cosiéndome los cortes que me hiciste con cada una de tus puñaladas. Algún día conseguiré borrar las cicatrices.
Hoy he estado intentando olvidar todo lo que dijiste que era y cada una de las veces que agaché la cabeza. Cuando me temblaba la voz y las palabras se quebraban en mi garganta antes de que pudiera decirte que me estabas ahogando. Esa vez que tenía tanto miedo.
Ahora solo me queda decirte que te perdono, que no puedo odiarte por mucho que lo intente. Aunque esté segura de que lo mereces, aunque sepa que nunca llegué a conocerte. No puedo, porque te quise como se quiere a un sueño.
He estado intentando olvidar todo lo que fuimos pero ¿cómo se olvida el dolor si aún se siente?
Ojalá me hubiese marchado antes, me repito, ojalá hubiera sido más fuerte, ojalá me hubiese dado cuenta de que eso no era querer si no destruir. Que no podía salvarte por mucho que quisiera llenar de risa tus vacíos, que quería que fueras feliz y creía que abrazándote cada noche se marcharían los monstruos que había bajo tu almohada. Lo intenté con todas mis fuerzas y siempre sentiré que no creyeras en mí, que pensaras que yo también te abandonaría a pesar de que siempre estuviera ahí para besarte lento, para que mi hueco eterno en el mundo fueran tus brazos. Hasta que no pude más, joder, hasta que dejé de ser yo para convertirme en un apéndice de ti y de tu odio, que lo impregnaba todo.
Me quedo con los momentos en los que creí que casi lo consigo.-
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