Todo se marcha como el humo que se escapa por la ventana, todo se va. Hace frío en lo que un día fue abrazo. Ahora las horas pasan pesadas, pausadas, lentas. Ahora vuelve a ser verano pero no vamos a la playa. En la arena hay un castillo y está subiendo la marea, desaparece como si nunca hubiese existido la risa del niño que lo construía. Existencia efímera e insignificante. Ni los recuerdos sobreviven en mi cabeza, soy un veneno que lo destruye todo. Estrellas fugaces y miedos dolientes son mecha de mis explosiones. Se acaba el tiempo, suena un piano, mi voz solo susurra. No puedes oírme, no puedes quedarte.
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