jueves, 16 de enero de 2014

Brisa de verano.


Era un 4 de Agosto distinto ya que no era especialmente caluroso ni sofocante, estaríamos a unos 24 ºC y me monté en su vieja furgoneta.

Lo había conocido unas semanas antes cuando llegué al mercadillo artesanal que estaba en el centro del pueblo y ambos queríamos comprar una camiseta de Queen. Al final, acabó consiguiéndola él porque yo no tenía suficiente dinero y me dijo que se sentía mal y que si quería dar un paseo con él. Así lo hice ya que me llamó mucho la atención. Tenía muchos tatuajes por ambos brazos y parte del pecho, era alto, sus ojos eran marrones y grandes, tenía barba y del pelo, que no era demasiado largo, le salían un par de rastas. Su cara no era especialmente bonita, tenía la nariz un poco más grande de lo normal y sus labios no eran todo lo carnosos que me gustaría pero desprendía algo que aún a día de hoy no logro descifrar.
Después del paseo me regaló la camiseta.

-¿Dónde vamos?- le pregunté, aunque no me importaba.
Como respuesta solo obtuve una media sonrisa. Avanzábamos y lo único que se oía era la vieja radio que entrecortaba rock de los 80.
Cuando le vi mirándome era extraño porque aunque ya nos habíamos besado, podía sentir que ahora sus labios sabían a sueños por cumplir.

Llegamos a una cala muy pequeña y de difícil acceso. No había nadie más salvo nosotros dos.

- Grita.-Me dijo- Vamos grita sin miedo, nadie puede oírte.
No le veía sentido a gritar sin motivo pero lo hice, grité cada vez más fuerte. Me sentía tonta pero al mismo tiempo sentía que me desprendía de una carga que hasta entonces no sabía que existía.

Nos sentamos en la arena, más fría que caliente, y enterré mis pies en ella mientras el sol se ponía. Abrió su mochila y sacó una botella de whisky que no había visto nunca, me dijo que era buena porque se la había quitado a su padre y empezamos a beber a morro.
Estaba tan fuerte que en cada trago me ardía todo el interior pero después de bebernos media botella, incluso me gustaba el sabor.




La noche se hacía cada vez más intensa y las estrellas brillaban como luciérnagas, nos tumbamos observándolas y en ese momento me besó. Nunca había conocido a alguien así, nunca me habían besado de aquella manera.


- Anestesia el dolor al menos esta noche.- Me dijo sin saber que yo también estaba rota.
Seguí besando cada pequeño rincón de su juvenil cuerpo mientras él cerraba los ojos y se dejaba llevar por el ritmo incesante de las olas que rompían cerca. En ese instante solo existíamos él y yo perdidos entre gemidos insonoros y caricias que cicatrizaban viejas heridas.

Llegó el invierno y como el calor, él también se fue y me dejó helada. Entonces solo era yo, perdida entre el dolor de mi estómago y las punzadas de mi corazón que en cada latido perdía tanta vida que parecía morir.
Sabía que eso pasaría, lo sabía desde el momento en el que lo conocí pero aún así me dejé llevar por su locura.



2 comentarios:

  1. Alaaaa! Que historia tan bonita, y que final mas infeliz(?) Joo, me ha gustado muchísimo la historia, es tuya? Es realmente nueva, si es tuya me gustaría saber porque se fue! Era tan solo un amor de verano? Son los mejores... te hacen olvidarte de todo y hacerte sentir especial. Pero bueno que para eso esta la vida para cometer locuras... porque y si no lo hubiera hecho? Añadí nuevas secciones a mi blog, pásate a darles un vistazo si quieres.

    - sonríe eternamente -

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    1. Que va, es inventada pero si que he tenido algún amor de verano y hacen que la vida sea un poquito menos dura.
      Ahora mismo me paso por tu blog, y gracias por el comentario. :)

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