He cerrado los ojos intentando no oír las voces que me gritan que salga corriendo. No quiero escuchar como me dicen que voy a quedarme vacía, que no me queda mucho dentro, que pare de llenarlo todo de delirios. Me duele fingir que no siento nada, que no me importa. No es verdad. Siempre doy más de lo que debo pero vivo todo tan intensamente que a veces me sorprendo siendo feliz. No sé si merece la pena, sé que las noches son más largas que los días, que tengo más oscuridad que aire en el pecho y que muchas veces creí que una podía morirse de pena, pero, me tocas y parece que la estrellas me miran.
Hubo momentos en los que vivía ausente, fusilando ilusiones, creyéndome témpano. Llenaba mis días de besos desganados y corazas de latón intentaban protegerme de otro tornado. Siempre pensé que cometía el error de dejarme llevar, que podía impedir partirme si mataba cualquier tentativa de quedarme, y, al final me di cuenta de que llevaba toda la vida queriendo no ser yo.
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