El frío ha llegado con fuerza y yo, como una perra callejera sin patria ni hogar, busco un rescoldo en el que refugiarme. Necesito parar, cada vez duele más saberse insuficiente. No desaparece la ansiedad que me oprime el pecho, la electricidad estática que lo impregna todo va a volverme loca. Que mis pensamientos se paren, por favor, necesito un paréntesis para quedarme a vivir en él un rato, que no puedo más, que me sobrepasa, que quiero gritártelo y tú haces siempre oídos sordos hasta que me quedo sin voz y sin ganas.
Hace dos años que vivo en un domingo perpetuo. Si me ves tiritar quiero que sepas que ya no tiemblo porque esté helada, es porque estoy rota y voy a volver a romperme otra vez y no sé en cuantos pedazos puede partirse una antes de desaparecer del todo.
Espero que algún día este domingo acabe y dejen de sangrarme las cicatrices porque lo estoy manchando todo de pena.
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